lunes, 28 de agosto de 2017

Integración... y acción

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La prensa española de hoy lunes viene cargada de análisis e informaciones sobre los atentados, tras la noticia de la manifestación del sábado en Barcelona. Este texto mantiene continuidad con lo dicho ayer sobre la integración, que es solo una parte de la cuestión.
Tanto el diario El País como El Mundo recogen de nuevo información tratando de explicar de forma sencilla algo más complicado. Las preguntas sobre la "impunidad" con las que el imam trabajó, sus permisos carcelarios por buena conducta, los informes dados, la desatención a los informes recibidos, etc. Tras un atentado siempre salen voces clamando que ellos lo advirtieron y no se les hizo caso, que nadie les escucho. También surge el contrapunto de los "eran muy normales", "nunca hubiera imaginado" o incluso esta vez "mi hijo es muy bueno y está de vacaciones", que de todo se ha oído.
Todo ello pone en evidencia dos cosas importantes. La primera es que España es un país con libertades y garantías. Es fácil ir a un juez, pero no es fácil que este tome medidas que no tomaría para cualquier otra persona sin las pruebas adecuadas. Es una "servidumbre" que debemos respetar porque es precisamente el avance que queremos, una ley igual para todos. A veces nos escandalizamos de que se hayan concedido permisos a persona que tenían los requisitos por lo que han podido hacer después. Salvo en errores claros, los derechos son para todos. Hacer lo contrario llevaría a tener un sistema más seguro pero más arbitrario.
Al señor Erdogan le gusta reírse de Europa cuando se produce un atentado y él había etiquetado ya a las personas. Pero el señor Erdogan tiene una vocación dictatorial y autoritaria, encierra y despide a su gusto. Yo, ni probablemente usted, queramos vivir en un régimen donde la gente desaparece antes de pasar por un juez, donde llaman a tu casa a altas horas de la noche y no te vuelven a ver. Hay unos cuantos países así y lo llaman "luchar contra el terrorismo". En realidad lo están produciendo y trasladándolo de sitio.
Europa padece en realidad el traslado de los conflictos interiores por el control del Islam, que acaban tomando forma aquí. Las luchas entre las corrientes islámicas se canalizan a través de las prédicas fundamentadas en ellas. La indisoluble unión entre religión y política (poder) hace que las luchas de unos se conviertan en otras. La exportación de las corrientes propias, como el wahabismo saudí, a otros países es una forma de penetración. Lo hacen para combatir, por ejemplo, a los Hermanos Musulmanes, corriente salida de Egipto pero en realidad una multinacional islámica. Un radicalismo frente a otro radicalismo. Fue un proceso que adquirió fuerza como reacción a la revolución iraní de los ochenta, que también buscó su expansión ideológica.
Hoy esta influencia se manifiesta a través de la fundación de mezquitas y su financiación radical por toda Europa. Allí donde hay grupos de musulmanes, emigrados o exiliados, llegan estos predicadores con la misión de canalizar el culto hacia sus formas más radicales. Se trata de evitar, como señalábamos ayer, la integración.
La edición electrónica de El Mundo lleva un gran titular, "El descontrol de los imames reina en España". En el artículo se explica:

«Esto no se ha acabado. Las administraciones han dejado a los imames campar a sus anchas y hacer lo que les da la gana. Son un verdadero peligro. La consecuencia es que ya está sembrada la semilla del odio. Los chavales están siendo educados en el rechazo. Se pasan todo el día oyendo hablar de los infieles. No se sienten ni de aquí ni de allí por lo que tenemos un gran problema. ¡Por favor, hagan algo porque esto es un cáncer!». Éste es el llamamiento desesperado a las autoridades que hace Mohamed Alami, activista y presidente de la Asociación Amigos del Pueblo Marroquí Itran. En esta humilde ONG radicada en Barcelona, Alami lleva desde comienzos del 2000 predicando en el desierto y alertando de la llegada a España de imames de corriente salafista que estaban perjudicando a los musulmanes. El caso del imam de Ripoll, Abdelbaki es Satty, cerebro de la célula yihadista que atentó en Barcelona y Cambrils, ha puesto en el punto de mira a los líderes espirituales islámicos. Tras los atentados del 11-M en 2004, el entonces ministro del Interior, José Antonio Alonso, lanzó un claro y contundente mensaje: «Es necesaria una ley para poder controlar a los imames de las pequeñas mezquitas».
Sin embargo, 13 años después, poco o nada se ha avanzado en este sentido, salvo que se ha intensificado la vigilancia policial en las 90 mezquitas que los expertos en la lucha antiterrorista tienen catalogadas como radicales.*


La manipulación religiosa es fácil. Pronto se hacen con el control de la vida de la comunidad, que acaba girando sobre la mezquita y el imam que les va llevando hacia posturas que pueden llevar a la radicalización.  Son ellos los que siembran la discordia, los que les repiten cada día que están en tierra de infieles, de ateos que les pervertirán sacándoles de sus creencias, que debe estar vigilantes.
Muchos imames son una fuente de captación y radicalización que les puede llevar a Siria. Pero ya el atractivo de ir a luchar a una guerra medio perdida puede haberse diluido. ¿Por qué no intentar del daño aquí mismo? Con un cuchillo o un coche es suficiente. ¿O por qué no ir a lo grande y volar la Sagrada Familia, el odioso monumento? Los sueños de grandeza se dirigen a aquello que, una vez recuperado el sentido de la vida, tenga más gancho.
Los suicidios no son nihilistas. Por el contrario, son de la recuperación del sentido de la otra vida, la confirmación de que están actuando en nombre de Dios, que son su vanguardia gozosa. Ya son verdaderos fieles donde solo cuenta ayudar a los planes de Dios, hacer avanzar la Historia hasta la llegada total del reino.
El diario El País le dedica de nuevo un artículo al imam de Ripoll. Explica cómo permaneció invisible a la vigilancia gracias a seguir un manual para evitar la detección. La ocultación, se dice, es un deber del yihadista, forma parte de la guerra contra los infieles.
Al final del artículo de El País se inserta un interesante recuadro con información titulada "La escuela secreta de Los Sin Vicio de Occidente". En él se habla de cómo se formó el imam de Ripoll a manos de su maestro, el carnicero Mohamed Mrabet y del grupo creado a su alrededor. El ilustrativo recuadro es el siguiente:

El carnicero Mohamed Mrabet presidía de día la mezquita Al Furkan en Vilanova y de noche dirigía un grupo de Al Qaeda que se hacían llamar Los Sin Vicio de Occidente. La célula del carnicero no estaba aislada. Sus integrantes estaban unidos a otra cantera de yihadistas en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona). Esta tenía su sede en una vivienda bautizada como Al Kaala (La Fortaleza de los Guerreros). Por allí pasaban voluntarios en tránsito hacia Irak desde Marruecos, Argelia y Egipto. La dirigía el marroquí Omar Nakhcha, jefe de Al Qaeda en Europa, que iba a introducir a un experto en explosivos procedente de Irak para atentar en Francia, Italia y España. El grupo de Santa Coloma tenía también su cantera en Madrid a las órdenes del argelino Abdelrahman, vecino de Parla. “He hablado con uno para lo del noviazgo y está esperando. Quiere casarse [suicidarse] y hay problemas”, oyeron los policías en una charla de los aspirantes de esta cantera.
El maestro del imán Abdelbaki es Satty y otros 22 miembros del grupo fueron detenidos en 2006 e ingresaron en prisión. Varios testigos protegidos les señalaron. El carnicero denunció presuntas torturas en los calabozos. Su mujer y madre de sus tres hijos le defendía: “Mi esposo es una persona extraordinaria y buena. Todo es mentira. Le aseguro que se trata de un montaje. Mi padre es un caballero inglés y nos apoya. Le juro por la vida de mis hijos que mi marido no es un terrorista”.
Solo nueve miembros de la célula con la que coqueteó Es Satty fueron procesados y juzgados. En 2009 la Audiencia Nacional condenó por terrorismo al carnicero y a otros cuatro de sus discípulos. En 2011 el Tribunal Supremo aceptó sus recursos de casación y anuló la causa porque las acusaciones eran “vagas y especulativas” y algunas declaraciones de los acusados se lograron “bajo presión”.**


Lo interesante son los nombres que se atribuyen. Ellos son los "sin vicio de Occidente", un grupo de "guerreros". Es fácil meter a la gente joven en esta ensoñación entre "mazmorras y dragones" y la "guerra santa". Sus frustraciones son alimentadas y resueltas por estos jerarquizados manipuladores profesionales. Su función es cargar de energía para que exploten en el momento y lugar adecuados. Ese es su orgullo, alentar a los guerreros, a los yihadistas. En sus aburridas rutinas juveniles, les ofrecen la aventura y la salvación, la redención a ojos de todos.

No deben sorprender las palabras de la esposa británica del "carnicero", una conversa que ve en su esposo un enviado, un hombre extraordinario. La fascinación que ejercen sobre ciertas mujeres no oculta su función, que en muchas ocasiones no es otra que conseguir un pasaporte europeo. Pueden obtener una esposa europea como ofrece una mayor garantía de no ser expulsados, como un ancla en el territorio sobre el que van a actuar. Poco amor entre tanto narcisismo. Sí, fingir es un deber del yihadista: « La mentira y el disfraz están autorizados si se persigue castigar a los infieles. “¡Acuérdate de que puedes mentir!... Hay que ir cambiando de forma de vestir, de corte de pelo, lugar de residencia, coches, rutas diarias, reuniones, encuentros”», se recoge en el manual encontrado en casa del imam, el que le sirvió para ocultar su objetivo durante años. El estilo "coránico" se reserva para la guerra en Siria; para Occidente, todos los disfraces son pocos para asegurar la victoria.
En El Mundo se ocupan también del estado familiar que pesa sobre los jóvenes con el titular "Las familias, un escollo para integrar al alumno musulmán". El novelista marroquí Tahar Ben Jelloun trató en una de sus novelas, "El retorno", la vida del patriarca que, emigrado a Francia, ve cómo sus hijas se desentienden del control paterno para vivir su vida en el país en el que han desarrollado su vida. Hablar de escollo es cierto, pero es un escollo del que no se puede prescindir, que habrá que tener en cuenta como parte del terreno.
El mundo familiar es el refugio si se ven fuera del entorno general. Allí pueden encontrar la acogida y la explicación que justifique el afianzamiento en que se encuentran en "tierra enemiga":

«Si un chico se radicaliza, ¿qué alarmas puede despertar si sus padres tienen interiorizada una vida muy anacrónica a nuestros ojos?», se pregunta un profesor, que percibe que la «presión» por mantener las tradiciones puede ser grande sobre la juventud: «Muchos se han reído de lo que les he enseñado de ética, educación para la ciudadanía o filosofía. Te dicen que es mentira. Es parte del adoctrinamiento de la madraza, la mezquita o de casa. Eso no convierte a nadie en terrorista, pero les blinda. A su vez, ¿cómo no van a pensar que lo que les enseñamos sobre los derechos humanos, la fraternidad o la libertad es hipócrita si se contradice con su experiencia?».
«Muchas veces te encuentras con la frustración de estos jóvenes, porque perciben que hay cosas que les son inalcanzables», señalan educadores consultados. «Puede ser un chico que se ha integrado muy bien, pero es marroquí a ojos de todo el mundo en primera instancia y eso puede ser paralizante», agregan.
«Lo principal es entender que no somos una segunda generación, sino que somos hijos e hijas de aquí, y debemos tener las mismas oportunidades. Tenemos jóvenes muy preparados pero, si para cualquiera es complicado encontrar trabajo, siendo musulmán lo es mucho más», opina Cheima El Jebary, coordinadora de Joventut Multicultural Musulmana.***


Ese es el gran conflicto, la lucha que hay tratar de ganar: la no estigmatización de los grupos. Si eso se hace sería cerrar las puertas lo que ampliaría el conflicto en vez de ayudar a mejorar la situación. Evito el término "arreglarlo" porque no se trata de un problema que se resuelva sobre un papel, con un aumento de recursos económicos o humanos. Es un problema social que implica actitudes y muchos malentendidos, que es receptor de los problemas y conflictos que ocurren fuera de nuestras fronteras, en Europa y más allá de ella, en los países de origen, en un mundo global.
Lo que es cierto es que solo se puede avanzar si se comprende el problema, se define quiénes son los verdaderos enemigos y se toman medidas de naturaleza muy distinta. Londres tiene un alcalde musulmán, lo que dice mucho de la sociedad británica, pero eso no la libra de atentados, que son la manifestación dolorosa y visible del problema.
No es fácil siquiera hablar con las autoridades de los países que muchas veces son los que fomentan las ideologías que estallan fuera, pero que ellos reprimen dentro. La última noticia de Arabia Saudí que hemos visto se refiere a un joven de 14 años detenido por bailar La Macarena en un paso de cebra. Ha sido detenido y será juzgado. Punto. Sin embargo, de allí ha salido el wahabismo. Allí ha ido a bailar con una cimitarra el presidente de los Estados Unidos. Es difícil cambiar las cosas aquí cuando, por ejemplo, en Egipto los diputados pretender evitar por ley que se pongan nombres occidentales a los niños y otros proponen que se prohíba el chat de Facebook entre hombres y mujeres. O en Turquía se les enseña que Darwin era un ateo embaucador y Colón un mentiroso que ocultó que en América había mezquitas cuando llegó.
Nuestras actuaciones sobre el origen son mínimas, pero podrían ser más. Y más eficaces. Hay que dar voz a los reformistas, una vez más. Lugar en los medios, visibilidad para que las personas cuya mente se pretende dominar se den cuenta de que hay otra forma de vivir su religión. Pero parece que los únicos que tienen abundante dinero son los islamistas en cualquier versión, los wahabistas, salafistas, hermanos musulmanes.


Una cosa queda en evidencia. Hace falta una preparación mucho mayor de las personas implicadas en estos procesos, especialmente en los que se desarrollan en las etapa de formación. Una vez más, se deja en manos de personal poco preparado para ello una tarea compleja. Hay que reciclar a las personas —no para que hagan líneas en el currículum— para poder estar al tanto de los informes que se elaboran. Y todo ello buscando la convivencia y luchando contra la estigmatización.
Hace falta que las universidades actúen en la parte que les compete. Deben estimular los trabajos de investigación sobre estos casos. Deben formar expertos de aquí y no aceptar ser coaccionados por los que vigilan a distancia las tesis doctorales que realizan sus ciudadanos fuera de sus países. Muchos de ellos son profesores que solo prosperarán si las tesis les gustan a sus jefes de departamento a su regreso. Cualquier crítica al sistema es considerada como traición. En algunos países se les exige un codirector que vigile lo que se investiga fuera de sus fronteras en flagrante violación de lo que es la libertad de pensamiento que la investigación académica debe tener por carácter científico. Esto lleva a que se renuncie a tesis de interés sobre los problemas principales y se presione para realizar tesis absurdas que ignoran los conflictos. Pueden optar por hacer sus investigaciones, pero tendrán que afrontar las consecuencias a su regreso. Conozco varios casos, de varios países musulmanes. Todo muy sutil, pero eficaz.

Necesitamos todos los recursos de investigación para profundizar y comprender mejor, proponer alternativas a lo que se realiza hasta el momento. No es el tiempo del estereotipo, del folclorismo o del sensacionalismo. Lo es de la sensatez, del actuar meticuloso que no sirva a los que buscan la discordia. Muchos musulmanes fuera y dentro de sus países sienten esa necesidad de cambio y quieren apoyo, no verse metidos en el mismo saco que aquellos que también les persiguen a ellos. Las voces que han llamado al cambio han sido violentamente cerradas. Hay que apoyarlas porque son un futuro que se retrasa ante los violentos intentos de mantener una situación política autoritaria y económicamente corrupta, que ha mantenido a la mayoría de sus pueblos en la ignorancia y la pobreza para poder manejarlos, y cuyas elites no han querido perder su estatus privilegiado en formación, poder político y económico. Solo una minoría ha alzado la voz y en ella se han cebado autócratas políticos y fundamentalistas religiosos; de la censura y el encarcelamiento al atentado, lo han padecido. Es a esos últimos a los que hay que apoyar aquí y allí. Gritar que no se tiene miedo está bien, pero hace falta algo más.
Hay que dejar de repetir el slogan naif de que "los terroristas no tienen religión" y aceptar que es una poderos corriente religiosa —amparadas y financiadas— que lucha por conseguir la centralidad. Eso lleva la complejidad de la lucha a la propia comunidad musulmana que debe defender su visión de la religión frente a estos enviados, carniceros e imames, que intentan convencerles de que ellos son los "puros" a los que hay que seguir. La única forma de evitar que se les meta el salafismo en las casas y en las cabezas es enfrentarse a ellos directamente, gritarles "tú" religión no es la "mía" o yo no leo los textos como tú lo haces. Esa es la verdadera batalla, la de la apertura interpretativa que niegan para seguir controlando el pasado, el presente y el futuro.



* El descontrol de los imames reina en España" El Mundo 28/08/2017 http://www.elmundo.es/espana/2017/08/28/59a2f334ca4741f4768b461e.html
** "Cómo aprendió el imán a ocultar su radicalización" El País 28/08/2017 https://politica.elpais.com/politica/2017/08/27/actualidad/1503855550_126577.html

*** "Las familias, un escollo para integrar al alumno musulmán" El Mundo 28/08/2017 http://www.elmundo.es/cataluna/2017/08/28/59a31302e5fdea71458b459e.html

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