miércoles, 30 de julio de 2014

Mira cómo me río

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me entero por el diario egipcio Ahram Online de una noticia de la agencia AFP que recoge las palabras condenatorias de un miembro del gobierno turco, del partido de Recep Tayyip Erdogan, dando "consejos" a las mujeres sobre cómo reírse, en el caso de que deban hacerlo, que es otra cuestión. La noticia la recogen también los medios ingleses desde la misma fuente. Lo interesante es dónde se incluyen estas cosas, pues son el indicador de hasta qué punto se han entendido. Por ejemplo, en la publicación española "Te interesa" se ha encuadrado en algo llamado "Increíble" y se limitan a poner una foto y el titular "El viceprimer ministro turco Bulent Arinc desata la polémica al aconsejar a las mujeres no reír muy fuerte"* sin texto alguno. En realidad —paradojas del periodismo espectáculo— es más bien un pie de foto estridente que un titular. Como la foto solo muestra a dos señoras —presuntamente turcas— riéndose, podemos imaginarnos sin problemas que se pueden estar riendo del mismo Bulent Arinc diciendo que no se reían o incluso —puestos a imaginar— del mismísimo Erdogan en un mitin. En realidad, si nos fijamos un poco, nos damos cuenta, sí, de que la señora de la derecha, la que da palmas, es la mismísima esposa de Erdogan, que no podrá reprimirse en esos momentos de euforia electoral. La foto, aunque no lo explican, tiene un sentido irónico; pero si no lo sabes se pierde la gracia y luna posibilidad de reírte. Me parece estupendo que la señora de Erdogan se ría, sanísimo, porque no tengo intención de decirle cómo ni de qué debe reírse. Mientras haya risa, hay esperanza.


Sin embargo, frente a nuestro anecdótico e irónico "¡increíble!", en Egipto se lo han tomado en serio porque saben de lo que hablan los islamistas, cuál es su discurso y hasta dónde hay que tomarlos a broma. Las carcajadas más sanas se las he escuchado a egipcios y, especialmente, a egipcias y en un país no pueden proliferar tanto los chistes sin que la gente se ría. Lo malo es que el islamismo le quita a uno las ganas de reír porque está afectado de una "seriedad" ridícula y perversa. Ridícula por cómo la practican, luciendo una seriedad ampulosa y trascendente; perversa porque, aquejados de la perfección, condenan las risas imperfectas de los demás.
Muchas veces cuando se escuchan estas cosas, siempre salen algunos listillos diciendo cosas como que en la Edad Media ocurrían cosas así. Nadie dice que los islamistas sean originales, ¡Dios nos libre!, incluso ellos se sentirían incómodos u ofendidos por esa calificación. Es precisamente su carácter retrógrado, incapaz de salir de su "edad de oro" imaginaria, lo que los convierte en "medievales". Lo nuevo es sospechoso porque no estaba dicho. Y lo importante, ya lo está.

Pero lo malo de los islamistas —en Turquía o cualquier otro sitio— que es lo que se suele entender menos, es que no llevan a la sociedad para adelante, sino hacia ese punto moral en el que estancó su pensamiento, hacia ese punto de perfección sin dejar que el mundo cambie. Occidente no suele entender demasiado bien lo de los islamista "moderados" y piensan que son moderados en su "islamismo", tremendo error porque el islamismo no concibe una sociedad en la que nadie tenga autonomía o capacidad para decidir por sí mismo, sino una sociedad —un mundo si les dejan— en el que todos cumplan sus reglas, un mundo perfecto si se siguen. Ellos son los guardianes de las reglas.
Y en ese mundo añejo, las mujeres se encuentran siempre bajo sospecha. En el mundo medieval, bastante "serio" según muchas versiones, la risa tenía un efecto perturbador. Recordarán la escena de la película "El nombre de la rosa" en la que un monje sube asustado a una banqueta por la presencia de un ratón y las risas que desata entre sus compañeros de la biblioteca. Son interrumpidos por el serio monje ciego que les reprende y discute sobre la risa con el "detective" franciscano, encarnado por Sean Connery: "La risa es un viento diabólico que deforma los rasgos de la cara y hacen que los hombres se vean como monos", le dice. A lo que el franciscano, acusado se ver con buenos ojos la risa, le contesta: "Los monos no ríen. La risa es propia del hombre". La respuesta, de la que duda el franciscano, es que "Cristo nunca rió". La expresión "risa diabólica" es frecuente y ha recogido en el lenguaje esa tradición de vincular la risa con el mal. Ni el monje serio de la obra de Eco ni sucesor islamista turco saben nada de las endorfinas ni demás descubrimientos infernales. La risa es sospechosa y la de la mujer especialmente condenable.


La cuestión es que mientras que una gran parte del mundo considera que la risa es sana e incluso se ha inventado algo llamado "risoterapia", conscientes de los benéficos efectos de la risa, a los islamistas les molesta no solo la risa, sino especialmente la de las mujeres, un síntoma según ellos del declinar de la civilización, es decir, de lo suyo.
El diario Ahram Online nos lo contaba así:

One of the most senior members of Turkish Prime Minister Recep Tayyip Erdogan's government sparked an outcry on Tuesday after declaring that women should not laugh loudly in public.
Deputy Prime Minister Bulent Arinc, one of the co-founders of the ruling Islamic-rooted Justice and Development Party (AKP), made the comment while lamenting the moral decline of modern society.
"A man should be moral but women should be moral as well, they should know what is decent and what is not decent," Arinc said in a speech Monday in the western Bursa region for the Bayram holiday that marks the end of Ramadan, the holy month of fasting for Muslims.
"She should not laugh loudly in front of all the world and should preserve her decency at all times," he added.**


Por supuesto, quien decide qué o quién es moral es Bulent Arinc o gente como él, los únicos poseedores de la capacidad para hacerlo por su profunda moralidad, algo que no les impide la corrupción de los escándalos financieros, inmobiliarios, etc., destapados en la Turquía de Erdogan en los últimos meses para gran escándalo de muchos. No de sus beatos seguidores, claro, que convencidos de que sus líderes van camino de la santidad los ven incapaces de tener debilidades de este tipo.

Pero la cuestión de la risa, en este caso, resalta la misoginia radical que practica. A los velos físicos que convierten a la mujer que no se tapa en la medida que ellos proponen en una impúdica, se añaden estos velos morales del silencio. Hay un vínculo profundo entre silenciar la risa femenina y ocultar a la mujer misma. El silencio la hace pasar desapercibida y por tanto en una necesidad de discreción. Si el hombre tiene una risa estridente es una cuestión simple de mala educación, pero si es la mujer la que ríe en público, que otros la miren se consideran una cuestión de moralidad y decencia, capaz de acabar con la sociedad, tal como anticipa Bulent Arinc. El doble rasero es evidente y como pensaría un islamista, así debe ser. La mujer está bajo sospecha porque de ella llegará la perdición, el desastre. Por eso se trata de evitar desde todos los ángulos su manifestación: vestido, mutilación genital o risa. Todo es lo mismo, formas de hacer cumplir la decencia que el hombre espera en cumplimiento de un orden perfecto con el hombre santo como centro y las pecadoras controladas.
En el periódico turco Hurriyet Daily News se recoge otra parte de su declaración que confirma este vínculo y su trasfondo:

“[The woman] will know what is haram and not haram. She will not laugh in public. She will not be inviting in her attitudes and will protect her chasteness,” Arınç said July 28.***


El mismo diario nos cuenta que miles de mujeres turcas han decidido colgar sus fotos a carcajada limpia en las redes sociales. No se escuchan, pero nos hacemos una idea. La gente no está y porque le digan cómo tiene que reírse ni cómo afectará eso a su castidad o a la civilización. Sin embargo, para un islamista es el mundo el que está equivocado y debe ser rectificado, con sutileza como los moderados o a golpe de machete como los de Boko Haram considerando que las mujeres (y los hombres) deben dejar de estudiar cualquier cosa que no sean los textos religiosos adecuados. Lo demás sobra, incluido reírse.
Las manifestaciones del viceprimer ministro de Erdogan no son anecdóticas ni deben ser tomadas a broma. Son la consecuencia de su manera retrógrada y controladora de pensar. La sociedad de los islamistas es una sociedad represora porque no imaginan una en la que nadie tenga derechos individuales sino que todos están sujetos al control de la comunidad, que se debe regir por los postulados coránicos estrictos. No hay otra vara de medir.


Los islamistas no llegan al poder y ya está. Llegan al poder y lo utilizan para inmediatamente actuar sobre el control de las costumbres, que les preocupan más que las leyes. Saben que la costumbre es la forma primaria de la ley y que son los tribunales tradicionales mucho más efectivos que los legales. Nadie es mejor guardián de la ortodoxia que la familia, especialmente en el control de las mujeres. Por eso donde llegan baja inmediatamente la edad de celebración de los matrimonios, porque se trata de evitar que la mujer pueda llegar a tener autonomía y así son acordados por personas sin capacidad de decisión. Fue lo que hicieron sin pudor en Egipto cuando llegaron al poder y así acabaron.
La mentalidad retrógrada del dirigente turco, que debía encontrarse eufórico con el final del Ramadán, quedó en evidencia en sus análisis de la decadencia moral de la sociedad. Ahram Online nos da más información sobre su discurso:

Arinc went on to denounce a moral degradation that left society awash with drugs and prostitution, and lashed out at popular Turkish soap operas for encouraging lax lifestyles, in comments quoted throughout the Turkish media and online.
He denounced the excessive use of cars, saying that if even the "river Nile was filled with petrol", there wouldn't be enough to go around.
Arinc also slammed the excessive use of mobile phones in Turkish society, with women "spending hours on the phone to swap recipes".
Imitating a Turkish woman on her mobile, he said, "'Is there nothing else going on? What happened to Ayse's daughter? When's the wedding?'"
"People should say these things face to face," he added.**


Llegamos a la conclusión de que el señor Arinc sería feliz con su tienda y su camello en mitad del desierto dando las gracias por las elevadas temperaturas, ya que está mal desear sombra cuando te han dado el sol. Coches, teléfonos, etc. son inventos diabólicos, que nos llevan a todos a la destrucción, ya sea por accidentes y polución o por las facturas del móvil. Como efecto secundario del Ramadán, no podía faltar la condena de las telenovelas, un clásico de la condena.
No hemos tenido ocasión de ver directamente el sketch de imitación que el señor Arinc hace de "mujer turca con teléfono", pero seguro que es muy gracioso. A ver si nos lo pasan. Y procuren reírse bajito.



* "El viceprimer ministro turco Bulent Arinc desata la polémica al aconsejar a las mujeres no reír muy fuerte" Te interesa  http://www.teinteresa.es/increible/viceprimer-Bulent-Arinc-polemica-aconsejar_1_1183691719.html#WaQ1ipohyFLHdJ1y
** "Don't laugh loudly, Turkish deputy PM tells women" Ahram Online 29/07/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/8/107337/World/Region/Dont-laugh-loudly,-Turkish-deputy-PM-tells-women.aspx
*** "PHOTOS: Turkish women in laughing protest in spite of deputy PM" Hurriyet Daily News http://www.hurriyetdailynews.com/photos-turkish-women-in-laughing-protest-in-spite-of-deputy-pm.aspx?PageID=238&NID=69763&NewsCatID=339






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