sábado, 13 de julio de 2013

Malala y los cuatro elementos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Deslumbrante Malala ante la ONU. Era el "Día de Malala", el día de su decimosexto cumpleaños. La joven ha mostrado y demostrado una madurez inusual y que explica a los ojos del mundo porque se convirtió en el objeto del odio terrorista al reclamar el derecho de las niñas a ser educadas más allá de las ideas que actúan como barrotes de sus cárceles de la tradición. En estos tiempos de líderes mediáticos, de defensores de varias caras simultáneas, de firmezas aprendidas a golpe de cursillo sobre liderazgo, Malala se muestra con la rotundidad de una sola idea que actúa como pilar de muchas otras futuras: el acceso a la educación de los niños y, en especial, de las niñas y mujeres. La ONU, acostumbrada a recibir discursos medidos, a analizarlos con escalpelo, esta vez —repleta de jóvenes de todo el mundo, autoridades representantes de instituciones— se mostraba emocionada ante lo directo, claro y sentido de su mensaje.
Me decanté por Malala como el personaje del año. Ojalá que lo fuera de la década y del siglo por el bien de su país y de muchos otros que se miran en su entereza, valor e integridad. Cumplió dieciséis años.
Malala, vistiendo orgullosa un chador de la asesinada Benazir Bhutto, primera ministra de su país, acariciándolo con respeto, ha realizado un pedido universal ante la joven asamblea:

“Let us pick up our books and our pens,” Ms. Yousafzai told young leaders from 100 countries at the United Nations Youth Assembly in New York. “They are our most powerful weapons. One child, one teacher, one book, and one pen can change the world. Education is the only solution.”*


Los cuatro elementos de Malala —un niño, un maestro, una pluma y un libro— son los que han de construir un mundo mejor frente a los que los niegan, parcialmente o en su totalidad. Malala fue disparada por defender la educación de las niñas en su país. No es el único lugar en el que ocurre esto y ella extiende su petición más allá del imperio de la locura ignorante talibán.

"Queridos hermanos y hermanas, recordad esto: el "Día de Malala" no es mi día. Hoy es el día de cada mujer, de cada niño y cada niña", les ha dicho con voz firme ante la emoción incontenida de los adultos que la escuchaban; el "Día de Malala" es el de todos aquellos que luchan por el derecho a la educación de la infancia. Ella, dice, no es más que una voz que puede ser escuchada entre los miles de voces de activistas, de gente que lucha por la educación y la igualdad, que son silenciados o atacados. Ella es una más de los que luchan por el derecho a vivir en paz, el derecho a la dignidad, a la igualdad de oportunidades, a la educación. Por defender todo eso, los talibanes le dispararon a ella y a sus amigos. No consiguieron nada, nos dice, solo matar el miedo, la debilidad que pudiera haber en ella. Sus esperanzas, sueños e ideales son los mismos.
Ella quiere también educación para los hijos e hijas de los talibanes, de todos los terroristas. Si tuviera al terrorista que me disparó ante mí y tuviera un arma en la mano, no le dispararía, dice con claridad. Eso es la compasión que aprendió, nos dice, "de Mahoma, el profeta de la misericordia, de Jesucristo, de Buda. Es el legado de cambio que ha heredado de Martin Luther King, de Nelson Mandela, de Mohamed Ali Jinnah (el creador de Pakistán); el legado de la filosofía de la no violencia heredado de Gandhi, de la Madre Teresa". Y es, termina señalando, el legado de perdón que aprendió de su madre y de su padre. "Mantente en paz y ama a todos", concluye Malala. ¡Qué contraste con los que siembran el terror y la intransigencia, el odio retrógrado, la soberbia ignorante.


Tienen miedo al poder de los libros y tienen miedo al poder de las mujeres. Y tienen, sobre todo, mucho miedo al poder de la conjunción de ambos, mujeres y libros, que ellas descubran que existe un mundo distinto más allá de la sumisión y la oscuridad. Para ello usan y abusan de la tradición y de la historia, retuercen las ideas para ponerlas a su servicio y hacer que perdure la esclavitud y la dominación. No quieren educación porque no quieren que el mundo cambie porque cambien las mentes.
El mensaje de Malala es digno de ser escuchado. No es el de un político buscando votos. Son las palabras de una niña tiroteada en un lugar en el que llevar un libro es un sacrilegio, una ofensa para una forma distorsionada de entender una religión que ella reclama como suya, sin permitir que se la conviertan en fuente de monstruosidad, ignorancia y dolor.


Los cuatro elementos de Malala son sobre los que se construye verdaderamente el mundo: los niños aprendiendo para poder tener un futuro como adultos autónomos, capaces de trabajar y pensar por sí mismos; maestros capaces de estimular su curiosidad natural y transmitirles el sentimiento de autonomía, de respeto hacia los demás; de un lápiz con la doble misión de registrar primero lo que se aprende, pero que será prolongación de sus inteligencias cuando se expresen con ellos mostrando su forma personal de pensar; y, finalmente, los libros —siempre en plural—, el legado variado de lo mejor que ha dado una especie que duda demasiado a menudo entre la palabra libre y la violencia del silencio, entre el diálogo y la fuerza. Todo ello constituye la educación, el derecho que Malala reclama.


La educación es lo que nos hace más libres. "Education is the only solution". Todo lo que se disfrace con ese nombre para mantener la ignorancia y la sumisión, es falso, una forma de violencia y dominación oculta bajo los disfraces de la tradición y la costumbre. La educación es ayudar a cambiar mentes para que encuentren sus caminos, para que resuelvan las preguntas que la vida va poniendo cada día ante nosotros. La educación es lo que nos permite salir de la miseria, combatir el hambre y las enfermedades, comprender el universo y la vida; educación es lo que nos enseña evolucionar para adaptarnos a los otros, lo que nos permite respetar y ser respetados; lo que nos permite contestar al tirano y callar al mentiroso. Es algo más que aprender un oficio; es, sobre todo, pensar.


La causa de Malala es la verdadera causa de todos, incluso de aquellos que no saben, por su propia ignorancia orgullosa, cuánto la necesitan. Por eso ha hecho bien en decir que ella también reclama la educación para los hijos de los terroristas que la dispararon intentando acabar con sus sueños y con los de todos aquellos que la siguen en la heroica tarea de levantarse cada mañana, coger los libros y los cuadernos, y dirigirse caminando a una escuela con una sonrisa.


* "Malala Yousafzai, Girl Shot by Taliban, Makes Appeal at U.N." The New York Times 12/07/2013 http://thelede.blogs.nytimes.com/2013/07/12/video-of-malala-yousafzai-at-u-n-calling-on-world-leaders-to-provide-education-to-every-child/?hpw





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