martes, 30 de octubre de 2012

El riesgo del riesgo o el siguiente negocio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Sigue coleando en muchos medios el caso de la condena de seis años a los miembros de la Comisión de Grandes Desastres italiana por su forma de transmitir "tranquilidad" a la población de L'Aquila que tuvo como consecuencia la muerte de más de trescientas personas en el "inesperado terremoto" que se produjo. Tratamos de explicar el otro día que no se les condenó por "científicos", sino precisamente por olvidar cuáles son los límites de las afirmaciones científicas [ver entrada] y adentrarse en lo que no es su función, tranquilizar, algo que es competencia de las autoridades políticas tras escuchar los informes de los científicos. La decisión de si se desaloja o no una zona, de si se debe volver a ella o no, no es "científica" sino "política".
Retoma el caso la BBC y aporta algunas informaciones más sobre el caso:

Bernando De Bernardinis, entonces jefe encargado del departamento de protección civil italiano, habría aconsejado a preocupados residentes que regresaran a casa y tomaran una copa de vino e incluso les habría especificado de qué clase: "Absolutamente un Montepulciano".*


Buen vino toscano, pero no es el tipo de recomendaciones que suele hacer un científico. Y es parte del problema, ya que es precisamente la carencia del comportamiento científico en la actividad encargada lo que aparece como responsable y lo que ha sido sancionado por los jueces.
Los intentos de convertir el caso en un nuevo "caso Galileo", una especie de persecución oscurantista contra la Ciencia solo demuestran lo fácil que tergiversar las razones.
La revista Science analiza la cuestión y plantea lo siguiente:

In his closing arguments on 24 September, public prosecutor Fabio Picuti underlined that the men were not being charged with having failed to predict the exact time, place, and magnitude of the deadly quake, information that he said modern science was not able to provide. Instead, he told the court, the defendants made a series of "banal and self-contradictory" statements during their 2009 meeting, many of which were "at best scientifically useless" or, worse, "misleading."
Among the most controversial statements highlighted by the prosecution were those made by De Bernardinis in a television interview ahead of the meeting. The DPC deputy head said that the ongoing tremors posed "no danger" and that the "the scientific community continues to confirm to me that in fact it is a favorable situation." In fact, he said, the ongoing tremors helped discharge energy. This statement was particularly reassuring, according to a number of court testimonies by friends and relatives of the victims, because it suggested the danger decreased with each tremor.**


No ha sido la Ciencia la que ha sido condenada, como se especifica en Science, sino su falta de "ciencia" y de "responsabilidad científica" —algún lector acusa, la "corrupción"—, esa "banal and self-contradictory" forma de enfocar y comunicar el problema real.
Señalan en la BBC:

"La comunicación está en la base de todo este caso", dijo David Spiegelhalter, profesor de Comprensión Pública de Riesgos de la Universidad de Cambridge.
"Los científicos se reunieron, hicieron una evaluación de riesgos y concluyeron que había un incremento del riesgo pero que el riesgo absoluto era muy bajo. Concluyeron que no podían confiar en que habría un terremoto".
"Sin embargo, esto fue comunicado luego al público y se entendió como un mensaje de que podían confiar en que no habría un terremoto. Eso fue lo que la gente entendió y eso es lo que condujo a este caso legal".*

Twitter del profesor Spielgelhalter
Con todos los respetos para nuestro colega de Cambridge, reputado estadístico, afirmar que se puede volver a casa "sin riesgo" e indicar "el vino" que se puede disfrutar allí tranquilamente no es un error de "comprensión" sino un error de "emisión". Es más, se elaboró toda una "teoría" para explicar porqué la fuerza de los terremotos sería decreciente, creándose una falsa "situación favorable", como recoge Science.
Entiendo la preocupación del profesor Spiegelhalter, estadístico dedicado al interesante campo de lo que puede ocurrir y por los riesgo de que finalmente no ocurra. El profesor Spiegelhalter, de la Universidad de Cambridge, tiene —por ejemplo— un interesante artículo en la revista "Significance. Stadistics makes sense" (de la Royal Statistical Society) , con el título "London murders: a predictable pattern?", en cuyo "abstract" podemos leer:

Four stabbings to death in a single day. Ninety murders in 7 months. Shocking figures—or are they? Knife crime makes the headlines almost daily but are Londoners really at increased risk of being murdered? David Spiegelhalter and Arthur Barnett investigate—and find a predictable pattern of murder.***

No sé si Scotland Yard se comunica habitualmente con el profesor Spiegelhalter, pero seguro que los medios de comunicación sí. Me imagino que todas las personas que hacen predicciones sobre terremotos o asesinatos en la calles de Londres deben tener una preocupación común: ¿qué ocurre si mis predicciones fallan? El caso es especialmente preocupante para aquellas personas que viven de sus predicciones, que son cada vez más, desde las agencias de evaluación —S&P, Moody's, etc.— a los expertos en riesgos de todo tipo de desastres.


La predicción se ha convertido en un negocio y no solo en las catástrofes, sino en muchos otros ámbitos en los que reina la "incertidumbre", el desconocimiento de lo que puede ocurrir. Aquellos que pueden y deben tomar decisiones, se ven obligados a recurrir a los expertos, exigiéndoles una confianza que suponen estos tienen por su propia cualificación. La "decisión sobre los riesgos" es también una decisión arriesgada. No existe la certeza, solo una probabilidad estimada que depende de los factores y variables que manejemos. Pero el "experto" tiene la función de cubrir las responsabilidades del estamento superior, que siempre —en caso de error— lo achacará a los emisores del informe sobre el que se ha tomado la decisión. Es lo que ha ocurrido en Italia. Los "expertos" salieron a transmitir una confianza allá donde los políticos no salieron a dar la cara. Berlusconi regresó a inaugurar casas para los damnificados unos meses después.


La barrera defensiva, el argumento hasta el momento para el negocio asesor —esto no se hace gratis— era la "ciencia", que es infalible para tranquilizar a la población, pero imperfecta para asumir los errores predictivos y sus consecuencias. Por eso, el artículo de la BBC termina con las conclusiones del profesor Spielgelhalter:

Spiegelhalter acepta que es la responsabilidad de los científicos comunicar el riesgo efectivamente, pero teme que el caso de L'Aquila traiga malas consecuencias. ¿Podría esto disuadir a los científicos de ofrecer sus consejos independientes?
"Italia tiene problemas sísmicos permanentes. ¿Quién va a meterse en eso ahora?", se pregunta Spiegelhalter. Te hace pensar sobre los riesgos para los científicos de convertirse en asesores".
Algunas profesiones tienen protección legal. Por ejemplo, si un meteorólogo británico fallara en predecir una inundación que termine en pérdida de vidas, la Met Office (servicio meteorológico británico) tiene un fondo de indemnización profesional para cubrir a sus miembros.
"En ese punto, empiezas a sentirte expuesto, dada la sociedad crecientemente pleitista, y eso es una verdadera pena", dice Spiegelhalter, quien piensa que los científicos deberían tener una protección similar a las meteorólogos británicos.
"Sería terrible si empezamos a practicar ciencia defensiva y que las únicas declaraciones que hagamos sean cosas sonsas que nunca terminen de concluir una cosa u otra. Pero por supuesto que si los científicos están preocupados, eso es lo que va a pasar."*

Retrato del Prof. Spiegelhalter
Efectivamente, te hace pensar, como señala el profesor Spiegelhalter. Nos viene a decir que la ciencia es muy aburrida y no interesa a nadie a menos que te dediques a cosas con gancho, como los apuñalamientos en Londres, ¡nada de "ciencia defensiva" ni de cosas "sonsas" (insulsas, tontas)! Eso, desde luego, limitaría el caché predictivo. El profesor Spielgelhalter es un laureado científico, posee la Orden del Imperio Británico y ha trabajado para las grandes compañías farmacéuticas, como GlaxoSmithKline, para Novartis o la Agencia Antidopaje. 
El negocio futuro, parece ser, es el de los "seguros predictivos". Todo asesor se "cubrirá" para evitar que sus pifias predictivas se puedan volver contra él. El caso de la meteorología y sus pronósticos ha hecho que sea rentable vivir de ello: turismo, medios de comunicación, grandes eventos... Todos necesitan sus pronósticos. Sin embargo, todo el mundo sabe la fiabilidad decreciente de los pronósticos del tiempo. Los mejores pagados serán los servicios que más acierten e incluirán sus seguros de riesgo en el precio de las consultas, que es lo que irá ocurriendo en otros campos en los que se juega con predicciones. Un diagnóstico médico, una operación quirúrgica, etc., tienen sus riesgos y por eso los médicos y hospitales tienen  sus seguros contra sus propios errores y las demandas consiguientes. ¿Qué eso encarece los servicios? Ya saben, paga el último.


El establecimiento del futuro negocio de los seguros a las personas que deben transmitir seguridad, los expertos, es el reconocimiento tácito de la incertidumbre. Por eso, las personas sensatas no esconden los riegos, sino que entienden que eso es lo que deben hacer como expertos, exponerlos. Si eso le parece "aburrido" al profesor Spiegelhalter, puede que la factura de su futuro seguro para protegerse de sus errores le parezca más interesante. Cada vez que alguien haga alguna predicción, asesoramiento, etc., recibirá en casa una llamada de las compañías de seguros ofreciéndole sus servicios y los riesgos de no hacerlo, algo que sus expertos ya habrán establecido.

Quizá a las víctimas de terremotos, de inundaciones no les parezca un "verdadera pena" que exista la posibilidad de ser indemnizados o de que los responsables sean condenados por haber creado "seguridad" donde no la hay. La sociedad no es "pleitista" por gusto, sino porque hay errores que "provocan" desastres y desastres que provocan "errores".
Qué más les hubiera gustado a las víctimas que poder disfrutar de las botellas del buen vino que les recomendó que abrieran en sus casas el responsable máximo de los expertos. Pero eso no será posible para muchos. Están muertos.
La respuesta al titular de la BBC "Deben los científicos dejar de opinar?" es "no", por supuesto. Lo que no deben es salirse de lo que la Ciencia puede afirmar, señalando los riesgos reales y el conocimiento posible, no asumiendo un papel que nunca debieron jugar, que es por lo que se les ha juzgado. Un "experto" es alguien que conoce mejor que otros los límites de su parcela de conocimiento.



* "¿Deben los científicos dejar de opinar?" BBC 29/10/2012 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/10/121028_italia_terremoto_ciencia_demandas_cch.shtml
** "Earthquake Experts Convicted of Manslaughter" Science / Science Insider22/10/2012 http://news.sciencemag.org/scienceinsider/2012/10/earthquake-experts-convicted-of-.html
*** David Spiegelhalter, Arthur Barnett: "London murders: a predictable pattern?" Significance. Stadistics makes sense Volume 6, Issue 1, pages 5–8, March 2009 http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1740-9713.2009.00334.x/abstract;jsessionid=4947597A438909FA198546D6D4037D0E.d01t03





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