martes, 18 de septiembre de 2012

Romney se sincera o la política como manipulación emocional

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mitt Romney y su padre, el gobernador
La política se muestra cada vez más como un arte manipulativo con dos fases: la consecución del poder y su mantenimiento. La publicación de unos vídeos con un Mitt Romney explicando ante un grupo selecto (y rico) de personas el funcionamiento de su campaña, cuáles son sus estrategias y metas, no puede sino confirmar esta forma manipulativa de la política.
La acusación permanente realizada contra Mitt Romney de que cambia sus discursos en función de sus oyentes, que dice a cada cual lo que quiere escuchar, queda de manifiesto en las palabras hechas públicas en los vídeos de su encuentro electoral. El diario El Mundo enfatiza en sus titulares que Romney ha tenido que "pedir disculpas" a los votantes de Obama por llamarles "parásitos", personas que quieren que el gobierno les mantenga*, el gran pecado a ojos de los republicanos y que constituye, en palabras de Romney, el 47% de la población, lo que hace muchas pulgas para tan poco perro, expresado en términos parasitarios. Sus "disculpas", por supuesto, no son más que in intento de corregir un desliz comunicativo y no un error conceptual.


Creo que hay otros momentos en los que Romney muestra esta faceta manipuladora de la política. Hay que decir que no es exclusiva del candidato a la presidencia, sino de todo aquel que considera la consecución del poder como un "problema" que ha de ser resuelto mediante estrategias. Romney representa la forma "comercial" de la política, con huecos y oportunidades del "mercado electoral". Romney es un vendedor de sí mismo, producto proteico, actualizado a las necesidades de los que le escuchan en cada momento. Eso es lo que han percibido y criticado todos los que se han acercado a su "punto de venta", que es su campaña desde que comenzaron las primarias.

Hay dos momentos en los vídeos publicados por la revista "Mother Jones", insertados en la página de El Mundo, que me parecen muy representativos de esa forma de entender la política. Cabe la duda de que el Romney que habla no sea el "verdadero Romney" (si es que tal quimera existe) y solo sea una proyección más ante un auditorio de ricos que gustan de despreciar a los "parásitos" que no han tenido la "suerte", como Romney, de heredar una fortuna.
El primero de los vídeos muestra la astucia de la forma de preguntar para esquivar las barreras defensivas de la gente que votó a Obama,  a esas personas que se encuentran en el filo de la decisión porque no han conseguido lo que esperaban de su voto. Romney aquí juega con cómo sacar la frustración sin que la persona se sienta culpable:

"Ese 5%, 6% o 7% de personas a quienes tenemos que convencer votaron por Obama hace cuatro años. Cuando uno les pregunta si Obama ha sido un fracaso, la inmensa mayoría dice que no. Pero si uno les pregunta si se sienten decepcionados al ver que sus políticas no han funcionado, dicen que sí. Al haber votado por él, no quieren que les digan que se equivocaron, que es un mal tipo, que lo hizo mal o que es un corrupto. Aquellas personas cuyo voto tenemos que lograr quieren creer que entonces hicieron lo correcto y que lo que ha ocurrido es que el presidente no ha estado a la altura. Les encanta la expresión de que a Obama se le ha subido a la cabeza".*

Es la estrategia del vendedor puerta a puerta, del que trata de convencernos de que cambiemos de compañía de seguros, compañía eléctrica o telefónica; es psicología comercial en estado puro para vencer la resistencia sin que aflore la culpabilidad. Es una sutil maniobra para vencer la resistencia. Obsérvese que no se trata de una idea frente a otra, sino de la atenuación de un sentimiento en el votante para dejar que salga una frustración. Primero se ensalzan los buenos sentimientos del sujeto por poner su voto en manos de Obama, se elevan sus esperanzas, para luego dejarle caer. Entonces llega la mano que te sostiene y da nueva vida. ¡No has sido tú, hermano, ha sido el demonio de la bebida que te nubló la mente!


El segundo de los fragmentos incide en estos planteamientos. Son la muestra de la concepción anti intelectual de la política y su reducción a seducción mediante mecanismos "puerta a puerta":

"Escribí un libro que detalla mi visión sobre el país y la gente a la que le fascinen las políticas concretas puede leerlo", dice Romney. "Pero tengo que decir que no creo que eso tenga un impacto significativo en mis posibilidades de ser elegido. Creo que nuestros anuncios tendrán mucho más impacto. Creo que los debates tendrán un gran impacto. Mi padre solía decir que 'tener razón demasiado pronto no es bueno en política'. Y en un entorno como éste un asunto demasiado intelectual no gana unas elecciones. Este presidente las ganó prometiendo esperanza y cambio".*

Romney sabe que está ante un público que no tiene en demasiado aprecio por las palabras; son ricos, hombres de acción, mentalidades pragmáticas. Incluso la mención de su padre muestra la preferencia por la enseñanza transmitida familiarmente frente a la adquirida en los libros. Es la experiencia frente a la idea, el contacto oral frente al distanciamiento de la palabra escrita. No cita a Montesquieu, a Burke, a Lincoln..., cita a su padre. ¿Hay mayor forma de desprecio "teórico", de antiintelectualismo? ¿Hay consejos o guía mejores que los que vienen de un padre? Y sus palabras han sido bien aprovechadas por el esquivo Romney, desde luego. El padre de Romney, gobernador de Michigan, no pudo dar el salto a la carrera presidencial por haber nacido en México y es una referencia emocional presente en la campaña.


La idea de que los anuncios serán más efectivos que los libros muestra esa preferencia por la inmediatez emocional antes que por la explicación racional, tal como se percibía en el primer fragmento. Está, por supuesto, pidiendo dinero para su campaña. Cuantos más anuncios, mayor eficacia, más presión sobre esos indecisos. Ellos y su dinero son importantes para alcanzar el éxito.

Sorprende la afirmación final: "Este presidente las ganó prometiendo esperanza y cambio". Sin embargo, es perfectamente coherente ya que Obama consiguió el éxito, a los ojos de Romney, con promesas emocionales primarias. Hay que negar a Obama, pero se le puede imitar si le funcionó para conseguir su objetivo, ganar las elecciones. Por eso se trata de desvincular a los sujetos de la fijación en Obama para redirigirlos emocionalmente hacia él. El mecanismo permanece, solo se cambia el objeto de deseo. No hay que cambiar los sentimientos de la gente, nos dice, solo redirigirlos hacia mí. Es la estrategia para hacerse con ese 7% de votantes que serán los que decidirán la elección. Ni los votantes republicanos ni los demócratas son el objetivo; ya están decididos. Hay que ir a por esas almas indecisas, con grietas que hay que aprovechar.
Creo que la mayor parte de los ciudadanos del mundo preferirían que el mismo énfasis e inversión económica que los políticos emplean en tratar de conocerlos para manipularlos, lo invirtieran en tratar de comprender los problemas que les acucian y darles solución. Algunos dirán que eso ya lo hacen y que esto es solo la forma de conseguir el poder para poder llevar adelante sus ideas. Tengo mis serias dudas.


En la medida en que la política se profesionaliza y, además, se van creando capas a su alrededor de técnicos y profesionales que viven de ella, estrategas y comunicadores, los intereses se anteponen a los principios y la supervivencia profesional al interés público. Se transforma en una mezcla de fabrica emocional de promesas de diseño y gestión de la frustración en la que interesa estar sacudiendo el árbol permanentemente a la espera de recoger los frutos. La democracia sentimental es cada vez más un hecho constatable.
Esto no es privativo de Mitt Romney, aunque sea un buen ejemplo de ello.

* "Romney, al borde del abismo por un vídeo en el que insulta a los votantes de Obama" El Mundo 18/09/2012 http://www.elmundo.es/america/2012/09/18/estados_unidos/1347924293.html




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