lunes, 23 de enero de 2012

En clave de Re o la cuestión de la utilidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Cree de verdad el editorialista del diario El País —la pluma que ha escrito “Por una oposición útil”*— que solución de la crisis del PSOE es una cuestión ideológica? ¿Lo cree realmente o es un ejercicio más del distanciamiento de la realidad que si en los políticos es gravísimo en los informadores es demencial? ¿Es posible que se plantee en serio —denle el sentido que quieran a esta palabra— lo que se pregunta en el escrito?:

El ex de Interior propone un regreso a fórmulas socialdemócratas clásicas: crecimiento más redistribución, y recuperación del apoyo de las clases medias, con la voluntad de construir un partido con capacidad de atraer el voto útil de la izquierda si desde la izquierda se le percibe con capacidad de conquistar el Gobierno. Chacón habla de abrirse a la izquierda, insiste en la renovación del partido y agita vagas banderas de refundación de la socialdemocracia, pero no acaba de decir qué proyecto político tiene para combatir la crisis desde la oposición, y menos aún desde un eventual Gobierno.

¿Redistribución? ¿Recuperación? ¿Refundación? ¿Renovación? ¿La oposición en clave de Re? Curiosamente no habla de “reconquista” sino de “conquista del Gobierno” omitiendo la “re”. ¿Política ficción quizá? Lo de "combatir la crisis desde la oposición", cuando se ha sido incapaz desde el poder, es una de los mejores chistes políticos que se recuerdan en mucho tiempo. Una muestra más de la burbuja de aislamiento en la que algunos viven.


Los dos candidatos del partido están haciendo ahora lo que antes no hicieron pensando, con evidente error de cálculo, que sería un desastre: unas primarias. Si hubieran escenificado siquiera una mínima pantomima, un tongo, haciendo ver que alguien no estaba de acuerdo con el camino al desastre de los cinco millones de parados y el déficit colosal, entre otras muchas cosas, quizá alguien se lo hubiera creído. Pero fueron incapaces de hacerlo. La sumisión fantástica y el silencio se pagan. Se vendió en un caso como ejercicio de responsabilidad (así se le llaman en España a retirarse) y en otro como ejercicio de responsabilidad (así se le llama en España a no retirarse). Y siguieron a lo suyo, como personajes de El sexto sentido deambulando sin saber que llevan muertos una buena temporada, como señalaban las perversas encuestas. Pero en España —la España del ¡esto lo arreglo yo en un pis pas!—, desde El Cid, no se ve mal lo de muerto y a caballo. La leyenda dice que se ganan batallas.

Insiste mucho el editorialista en que, además de discutir sobre el poder, traten de indagar sobre por qué han perdido tan estrepitosamente unas elecciones. Le cuesta sumar dos y dos al oráculo editorial. Si se hubieran tomado algo más en serio las críticas que la ciudadanía realizó desde el estallido de los “indignados”, en vez de tomárselos a chirigota, que es lo que hicieron, se habrían percatado de que, independientemente de lo vago de las propuestas o lo extravagante de los métodos o el romanticismo de las fórmulas asamblearias, se señalaban grandes verdades que ignoraban: el profundo descontento popular originado por su incapacidad comunicativa —fruto de su soberbia política— y por su incapacidad gestora para solucionar nada—resultado de sus negaciones de los problemas—. La respuesta es muy sencilla: perdieron estrepitosamente las elecciones porque lo hicieron muy mal. Al final la gente se quedó con la musiquilla más evidente: nadie se había hecho responsable de nuestra crisis propia, algo inaceptable tras dos legislaturas en el poder. Pesó más el sostenerla que el enmendarla. Lo que el editorialista pide urgentemente no es una explicación que, como decimos es muy sencilla; lo que les pide de rodillas es una explicación convincente, un argumento que les permita pasar históricamente de la muerte a la vida: otra “re”, la de “resurrección”. Pero vemos que no es fácil.

La actitud de Alfredo Pérez Rubalcaba, proponiendo soluciones imaginativas y eficaces quince días después de renunciar al ministerio (que no al poder), era un insulto a la inteligencia política de los ciudadanos. ¡Sigue felicitando a los Cuerpos de Seguridad, como si fuera cosa suya, en cada detención durante su campaña de primarias como ya lo hizo en la campaña electoral! Alguien debería decirle que ya no es ministro. O que, ya en clave interna, Carme Chacón se ponga a felicitar también al Ejército para equilibrar. ¿Qué necesitan para volver a la realidad?
Los que enterraron al partido han sido sus propios miembros, que fueron incapaces —por un mal sentido de lo que debe ser la política— de parar la bola de nieve que llevaba tiempo rodando por la ladera, creciendo como descontento ante la ineficacia y el agravamiento constante de una crisis inexistente, unos millones de parados cuyo número ya no podía aumentar porque se había tocado techo, o una recuperación económica que se esperaba para el siguiente semestre. ¡Maldita realidad!
Al contrario del pastor que mentía sobre la llegada del lobo, aquí nuestros pastores políticos actuaron en sentido contrario, afirmando que el lobo nunca llegaría. Y llegó. Y se lanzó a la yugular de todo el que pilló por el camino.


Si se acepta que a Aznar le costó las elecciones su “mentira” sobre los atentados de 11-M, atribuyendo a ETA la autoría, podemos aceptar — ¿por qué no?— que las mentiras sobre economía también se cobran factura en las urnas. No ha sido otro el argumento principal que la entonces oposición y ahora gobierno ha tenido que esgrimir ante el electorado. Lo demás es de patio de colegio.

El hundimiento electoral de un partido, tal como se ha producido en España, no necesita grandes análisis de estrategias ni afinamiento hermenéutico. Es de cajón. Los que votaban al PP lo han seguido votando y algo han subido y los millones que votaron al PSOE dejaron de hacerlo porque habían llegado al límite de su santa paciencia hartos de ver la distancia inmensa entre lo que les decían cada día y lo que tenían delante.
El titular del editorial es “Por una oposición útil”. Habría que preguntar: ¿útil, para quién? Dirán unos que hace falta una oposición fuerte y otros un partido fuerte. Pero hasta el momento no se ve más que el deseo de verse fuertes en el partido, que es otra cosa.

Esa fantasía del Ave Fénix no lava los restos del naufragio. No, no es solo un problema de oposición. Evidentemente es necesaria una buena oposición, como es necesario un buen gobierno, para bien de los ciudadanos, no de los partidos sobre los que no hay que hacer recaer misticismo ni destinos manifiestos. Es un problema de la forma de entender los partidos políticos y cuáles son sus funciones, a quienes tienen que tener en su seno, cómo se deben renovar, qué deben hacer con los problemas que ellos mismos causan, cómo evitar que se les peguen como lapas los parásitos que se benefician de lo público, cómo evitar el clientelismo, etc. Ninguno es un problema exclusivo del partido socialista, pero eso es otra cuestión.


* Editorial: "Por una oposición útil" El País 22/01/2012 http://www.elpais.com/articulo/opinion/oposicion/util/elpepiopi/20120122elpepiopi_2/Tes

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