miércoles, 27 de julio de 2011

Lo que sabemos (y lo que queremos)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
David Leonhart
El periodista de The New York Times, David Leonhart, ganador del premio Pulitzer de este año por sus artículos sobre la economía norteamericana, se despide de su sección y de sus lectores. Ha sido elevado a otros puestos y ha pensado que sería buena idea  dejar en su último artículo —titulado Lessons from Malaise— algunas reflexiones instructivas sobre lo que sabemos, sobre las causas del malestar en el que nos encontramos sumidos. Vamos a tratar de dar cuenta de lo que señala y tratar de desarrollar algunas ideas desde ese punto de partida.
Comienza Leonhart señalando que la Economía es una ciencia incierta pero aproximada:

The earth is not perfectly round, of course. Some smokers will never get cancer, while most cancer is not caused by smoking. Yet in the ways that matter most, the earth is still round, and smoking does cause cancer. Both of these facts are illustrative in another way, too: seemingly smart people spent decades denying them.

Sobre las cosas que sabemos, remitiéndonos más a la historia, a lo que ha funcionado o no, por encima de otras consideraciones, Leonhart señala los siguientes puntos:
1.- «When it comes to economics, we know that a market economy with a significant government role is the only proven model of success.» El estado solo no ha funcionado bien y el Mercado solo, sin regulaciones, también ha tendido al exceso, nos dice, y se ha demostrado caótico y catastrófico.
2.- «We also know that ever-rising levels of education are crucial to a country’s success. » La educación es esencial para el progreso.
3.- «We know that the federal government has promised more benefits than it can currently afford.» No se debe prometer lo que no se puede dar.
4.- «We know this country spends vastly more on health care than any other country — about 75 percent more per person than other rich countries — without getting vastly better results.» El despilfarro no es síntoma de eficacia.
5.- «We know the planet is getting hotter.» No se pueden ignorar los efectos de nuestras acciones sobre el entorno.
6.- «We know that Wall Street, having bounced back from the crisis, remains a historically large part of the economy. » El Mercado sigue siendo importante si se controlan sus excesos.
7.- «You could add the fact that the United States has benefited enormously from immigration, especially high-skill immigration, or the fact that discrimination, while hardly vanquished, is greatly reduced.» El peso de la inmigración cualificada en el desarrollo es importante.

Felicitaciones por el premio Pulitzer

Todo esto, señala Leonhart, son aspectos que pueden ser considerados como “hechos comprobados”. La cuestión, dice, es que es responsabilidad de los políticos traducirlos a nuevas acciones para el futuro. Es aquí donde comienzan las discrepancias: cómo aplicarlo, dónde recortar, dónde aumentar, cómo controlar, etc. El consejo que se deriva del artículo es medianamente sencillo en su consideración y, efectivamente, complicado en la toma de decisiones, que son las que configurará el programa político de cada intérprete de los males. Las enfermedades existen, nos viene a decir el periodista, lo que hay son discrepancias en el diagnóstico y, en función de este, en el tratamiento. Por eso trata de basarse más en las evidencias que en las teorías, en lo que ha funcionado y en lo que no.
Pero el eje del problema es siempre la actuación, la decisión, la base de la política. Y es aquí donde Leonhart critica a la clase política, una clase que tiene al mundo en vilo, por ejemplo, echando un pulso electoralista sobre el techo de la deuda en Estados Unidos.

The real problem with so many of these issues is that the political system is not even trying to find solutions.

Hay ocasiones en que te mata la enfermedad, pero también en cierto sentido te matan los médicos cuando se equivocan en sus diagnósticos o recetan lo que no deben. Hay una negligencia política como hay una negligencia médica. El negligente es el que se equivoca en el diagnóstico y en la prescripción y aplicación de los tratamientos. Las recetas pueden llegar tarde y servir de poco para la salud del paciente.
Al igual que la medicina, la política debe cuidarse de la salud antes de que se produzca la enfermedad. Debería haber una política preventiva como hay una medicina preventiva. Evitaría muchos problemas. Desgraciadamente los recortes que se hacen a la política en beneficio de otras fuerzas, esencialmente las del mercado, hacen que las intervenciones sean más sobre las enfermedades que sobre la salud. En cierta forma, la doctrina oficial es que el mercado se encarga de la salud y el estado de la enfermedad, lo cual no deja de tener su ironía.
Lo que sabemos a ciencia cierta es la necesidad de ahondar en la educación, pero no solo laboralmente, como quiere el mercado, sino formando ciudadanos, que es lo que debe querer el estado. Ahí se incluye obviamente su capacitación laboral, pero las personas tienen otras dimensiones además de las laborales, que también deben ser desarrolladas para que el funcionamiento social del conjunto sea más eficaz en términos más allá del PIB. Una sociedad debe aspirar a ser justa además de a ser rica.
También sabemos que el despilfarro no es nunca bueno en ninguna instancia, lo que nos debe hacer ajustar las necesidades a lo que podemos realmente gastar. Eso implica saber diferenciar lo esencial de lo superfluo, jerarquizar de forma realista las necesidades y dar las prioridades a los elementos que nuestra formación ciudadana (que incluye una ética de la decisión) nos permita. Una sociedad con un mejor sentido de la ciudadanía puede hacer sacrificios cuando sabe qué tipo de necesidades se están resolviendo. Pero también se indigna cuando entiende que el sacrificio que se le pide o exige no redunda en beneficio de muchos sino de unos pocos. Por eso sigue siendo esencial el mantenimiento de un vínculo ético entre la ciudadanía por encima de los meros agregados de intereses. Lo ideal es que la acción política sea la traducción del deseo social, por eso es esencial la formación, comprensión de los ciudadanos de cuáles son los problemas que les afectan.

Las cuestiones referidas al calentamiento global, por ejemplo, son una conjunción de aspectos éticos y de intereses prácticos. El calentamiento global debe guiar u orientar una parte importante de las decisiones que se tomen porque no solo nos afecta hoy sino que determina las posibilidades de futuro. Un mundo egoísta toma decisiones pensando en el aquí y el ahora, pero eso no hace sino recortar las decisiones del futuro al reducir las posibilidades de elección o tener que aplicar más recursos a solucionar los problemas que hoy creamos. También esta conciencia debe surgir de la formación ciudadana. Estados Unidos lo tiene menos claro que otros países, por eso hace bien Leonhart en recordarlo.
La cuestión de la inmigración, igualmente, es otro ejemplo de la combinación entre elementos éticos y económicos. Reducir la inmigración a pura economía es deshumanizarlos y deshumanizarnos. Hay muchos otros aspectos de compromiso que deben ser tenidos en cuenta. La sociedad sale fortalecida en su conjunto cuando se siente comprometida más allá del interés.
Los recordatorios de algunas cosas que sabemos, las señaladas por David Leonhart, nunca vienen mal. Conviene, como hemos intentando, pensar sobre ellas y desarrollarlas. Hágalo. Pensar, al contrario de lo que algunos creen, no contribuye al calentamiento global. Siempre es aire fresco. 

* David Leonhart: “Lessons from Malaise”. The New York Times 27 /07/2011 http://www.nytimes.com/2011/07/27/business/economy/lessons-from-the-us-economys-malaise.html?hp



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