domingo, 17 de diciembre de 2017

Complicidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El artículo publicado ayer por Maureen Dowd, titulado "Bringing Down Our Monsters",  y dedicado a uno de los temas que han sacudido este año —el primer año Trump—a los  se cierra con esta línea:  "No wonder, given the state of Washington and Hollywood, Dictionary.com chose “complicit” as its word of the year."* La expresión viene de la afirmación de Salma Hayek de que Harvey Weinstein se había convertido en su "monstruo" particular.
En efecto, no es posible que lo que está saliendo a la luz no haya salido antes de no ser por una mezcla de complicidad y miedo retroalimentándose una con la otra. Las avalanchas de denuncias han cubierto principalmente tres campos: Hollywood, los medios de comunicación y la política. Son tres terrenos especialmente sensibles al escándalo por ser espacios expuestos a la luz y necesitados de la aprobación directa del público, ya sea como audiencias (medios de comunicación y el cine) o como votantes (la política). Esta sensibilidad es la que hace que se hayan producido respuestas tan rápidas encadenándose los casos con respuestas inmediatas. El temor al efecto de arrastre ha hecho lo demás. Ni medios, ni productoras ni partidos se han querido arriesgar demasiado.


Muchos han cortado por lo sano. Quizá han pensado que era preferible darse el atracón de casos rápidamente antes que un goteo que les produzca un daño mayor. Un caso relativiza otro caso.
La complicidad es necesaria para mantener ese nivel de agresividad sexual, tal como ha sido descrito en los casos con nombres más relevante. Es la complicidad la que obliga al silencio de quienes se arriesgaban a quedar fuera de la profesión sin denunciaban a personajes poderosos, intocables. Cuando las primeras cabezas importantes comenzaron a caer en la Fox, se precipitó todo. ¡Era posible!
Escándalos como las acusaciones contra Bill Cosby por drogar y violar más de cincuenta mujeres o las sacadas a la luz tras su fallecimiento en el caso del presentador Jimmy Savile por abusos sexuales infantiles (incluso con acusaciones de necrofilia) durante más de cincuenta años, han estado en los medios en estos últimos tiempos creando un ambiente en la opinión pública, preparando el terreno para el choque con la realidad de personajes populares y muchos de ellos queridos.


¿Es el mundo de los medios, el cine y la política más proclive a los depredadores sexuales que otros? Probablemente no, aunque tengan un componente de volatilidad importante. Son medios en donde tu destino puede estar en unas pocas manos, en decisiones tomadas por personas que quedan armadas con un enorme poder.
El caso del mundo político tiene su propia especificidad, aunque también se hace cada vez más próximo al del espectáculo, como el propio Donald Trump —que también acumula sus denuncias por abusos— ha demostrado. El actual presidente no ha ocultado anteriormente que es el dinero el que da el poder y  que el poder  no es más que la capacidad de obtener lo que se desea (véase "Rosebud funciona" 2/02/2017).


La idea de Trump es la que está en esas mentalidades depredadoras: conseguir lo que se desea es un certificado de que se posee el poder, por lo que se necesita la comprobación constante, el ejercicio continuado. El depredador busca encontrar el miedo en los ojos de su presa; en eso está gran parte de su placer.
Lo que está ocurriendo es una revolución en un sentido: está trastocando los pseudo valores del poder. Ayer comentábamos aquí el caso contrario: la mujer egipcia, Somaya Tarek Ebeid, acosada en pleno centro comercial en Heliópolis. Su resistencia al hombre que la acosa hace que sea golpeada, una bofetada que queda registrada en las cámaras de seguridad. Somaya va a la Policía que la ignora; va a los medios que la acusan a ella y le roban el teléfono para tener acceso a sus fotografías personales; los jueces solo condenan al hombre por la bofetada, no por el acoso. Finalmente, el hombre la raja la cara por haberla denunciado. Ella intenta el suicidio con pastilla y lo retransmite en directo a través de Facebook. Somaya sigue siendo en víctima de cada una de las instituciones ante la que va a denunciar su ataque.
El efecto de las denuncias está sacudiendo los cimientos de la sociedad norteamericana precisamente en el momento de conservadurismo más retrógrado, con la llegada de Trump a la Casa Blanca. Desde el primer día se abrió un frente de lucha para que quedara claro que la política antifeminista que Trump apuntaba y practicaba no le iba a ser fácil de sostener. La llegada de un organizador de concursos de Mises no era lo más positivo para los Estados Unidos.


La visión del poder es masculina, prepolítica, no ideológica, carnal. Caen republicanos y demócratas, liberales y conservadores. Lo único que pueden hacer los partidos es reaccionar ante lo que les viene encima. La agresión sexual no es defendible bajo ninguno concepto y cualquier atisbo de hacerlo es caer bajo al marco de la "complicidad", la temida palabra declarada estrella del año.
Uno de los efectos de la agresión es que aunque pudiera prescribir, pasado el tiempo, no lo hace como denuncia, afectando como escándalo. La denuncia de casos pasados está sacudiendo carreas políticas y profesionales cuya caída es desde la cima de la profesiones. No todos tienen la suerte de Jimmy Savile, de irse a la tumba antes de que salga todo a la luz. Es lo que le valió terribles críticas a la BBC por haber tapado el escándalo continuado de un pervertido con gracia.
Derribar los monstruos, como reclama Maureen Dowd en su artículo, es descubrir que los monstruos son también molinos, que ha llegado el tiempo de la tolerancia cero con los abusos en todos los ámbitos. Ha llegado también el momento de replantear las formas de entender el poder y su control en unas sociedades con una mayor incorporación de las mujeres a los puestos de trabajo de responsabilidad.
Junto la violencia doméstica, muchas mujeres se enfrentan a la jungla laboral en la que les espera otro tipo de violencia a cargo de las personas que pueden decidir su futuro. La violencia sexual en cualquiera de sus variantes parece desafiar las normas sociales y los principios de la convivencia. La educación en valores es un camino, pero eso no evita que la transgresión de esos valores se convierta en una forma de mostrar la impunidad del poderoso. Por eso la "complicidad" es un factor tan importante ya que asegura un círculo protector, un círculo que le vuelve invisible para sus desmanes. La denuncia constante es la única forma de enseñar al poderoso que puede perder todo, que la impunidad no existe.
Hay que acabar con esos monstruos. Pero también es necesario ir a la raíz, evitar que crezcan en sociedades precarias, donde el miedo a denunciar por perder lo que se tiene es un hecho. La solidaridad de las denuncias es fundamental para crear los factores disuasorios necesarios. Sin cómplices no les será tan fácil.




* Maureen Dowd "Bringing Down Our Monsters" The New York Times 16/12/2017 https://www.nytimes.com/2017/12/16/opinion/sunday/sexual-harassment-salma-hayek.html




sábado, 16 de diciembre de 2017

Somaya, historia de una infamia continuada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay historias que comienzan y terminan. En otras, en cambio, lo que se inició parece no tener fin. Los acontecimientos ocurren, muchos de ellos de forma aislada, con su propia consistencia. Pero otros constituyen series que muestran algo. La historia de Somaya Tarek Ebeid es realmente una "historia" con un principio definido, que se produjo el día en que un hombre la acosaba  en un centro comercial y acabó abofeteándola sin que le importara a la gente. Desde aquel día, la vida de Somaya Tarek Ebeid tuvo un nuevo comienzo y pasó a ser llamada "la chica del Centro Comercial de Heliópolis" (Heliopolis Mall Girl).
Todo comenzó en octubre de 2015. Lo recogimos aquí y hoy volvemos a contar la nueva emergencia de los acontecimientos de aquella vida que cambió. Egypt Independent nos cuenta los últimos acontecimientos:

Somaya Tarek Ebeid, known in the media as the ‘Heliopolis mall girl’, broadcast her attempted suicide in a Facebook live video on Friday morning that she dubbed “the last minutes,” two months after she was stabbed in the face by a man seeking ‘revenge’ against her after he was imprisoned for assaulting and sexually harassing her.
In a haunting video monologue, she said, “I thought I should catch the last minutes and try to say anything because I won’t have time. I’m dying now, my nerves are so loose, my body feels too heavy and I can’t breathe.”
“I wanted an easy death because I’m tired of the scene of blood. That doctor who prescribed a sleeping pill for me is a very great doctor […] Nobody can reach me [through my mobile]. I feel that my heart makes boom boom,” she went on.*


Lo que comenzó con un acto de acoso continúa dos años después con un intento de suicidio que refleja la impotencia de la mujer ante lo que lleva padeciendo. ¿Que cambió un acto de acoso como el que se producen por millares cada día en el país cuya capital acaba de ser declarada como "la peor megaciudad para las mujeres" ante la irritación de las autoridades? Una bofetada. Todo fue diferente porque Somaya Tarek Ebeid tuvo el valor de enfrentarse a su acosador, recibiendo públicamente una bofetada por el orgulloso macho despreciado.
Aquella bofetada cobarde y altanera refleja mucho, como lo refleja lo que ocurrió después, cada uno de los episodios de la vida interrumpida de Somaya. Un hecho traumático, como fue la agresión pública y la humillación ante la indiferencia, destruye la vida de la persona, que deja todo para pedir justicia. Pero no es eso lo que encuentra.
La agresión fue solo el comienzo de la pesadilla personal de Somaya. Egypt Independent recuerda lo que ocurrió:

Ebeid was sexually harassed by a man at the mall but defended herself against him, only to be slapped by the man in retaliation for standing up for herself.
She then reported the incident to police, but after they did not offer to conduct any action, she took resorted to doing so herself by publishing a Facebook post which circulated widely, in which she explained the incident, and attached CCTV footage of the slap, recorded by the mall’s surveillance cameras.
The video showed a man talking to Ebeid and then slapping her, before security personnel intervened.*

La indiferencia de la Policía ante la denuncia muestra porqué no hay reducción del acoso. A lo traumático del acoso se suma la humillación de tener que pasar por una Policía para la que estos casos no le merecen la pena moverse de la silla. Con las cifras de acoso sexual existentes, ¿para qué molestarse? Recientemente, las cifras de acoso sexual que pasan del 90% de las mujeres, han sido reducidas por decreto al 9%. Según la persona puesta al frente del Consejo Nacional de las mujeres, Maya Morsy, es "imposible" la cifra que todos aportan porque las mujeres no podrían salir a la calle o trabajar. Ese razonamiento le ha permitido quitarle el cero al noventa y dejarlo en un nueve. Sin más. Todo por la imagen de Egipto.


Pero la realidad es más consistente que un lavado de cifras. La historia de Somaya Tarek Ebeid no había hecho más que empezar, dejando en evidencia a todas las instituciones que debían ampararla. La primera que había fallado fue la Policía. Pese a la indiferencia, puso su denuncia.
Ante la falta de investigación, Somaya consiguió hacerse con las imágenes del circuito cerrado de televisión del centro comercial, por lo que pudo difundir la escena del diálogo sin sonido que concluía con la bofetada del hombre. Usó las redes sociales, lo que atrajo a los medios. Aquí comenzó un nuevo calvario, que recogimos en su momento. Las dos fuentes actuales egipcias no recogen esta por algún extraño olvido, pero es una parte esenciales de la historia. La recordamos a través de la CNN, que titulaba "Sexually harassed Egyptian woman wins via social media" y tras contar el incidente del centro comercial, señalaba: "The young woman made a rare and even dangerous choice in Egypt: She choose to speak up and demand justice."** ¡Cuánta razón! Pedir justicia en Egipto es siempre un ejercicio arriesgado, como pudo comprobar pronto. Nos contó la CNN entonces, en octubre de 2015:

Tarek agreed to an interview on a popular talk show with host Reham Saeed. Rather than find empathy, the victim found an aggressive and accusatory presenter.
"I see you were wearing a tank top and tight jeans," Saeed says of the CCTV footage of the assault. "Don't you think that this clothes was inappropriate?"
"There is no justification," Tarek responds. "Women in hijab and niqabs all get harassed. There was nothing inappropriate."
After the taped interview was aired on private network Al-Nahar, Saeed addressed the camera in a nearly 12-minute monologue in which she raised doubts about Tarek's story before showing pictures of the victim in a private setting to accuse her of lewd behavior.
In one image she is seen holding a bottle of Bailey's; another photo shows her being carried by a man, playfully, on the beach; another picture that is blurred claims to be Tarek wearing a bikini in what appears to be a bedroom.
"If I am the type of woman who accepts being carried by a man while I am in my bathing suit then I must be the type of woman who would accept sexual harassment," Saeed says to the camera. "Just as there are harassers in the streets, some girls have really gone beyond the limits. You won't like this, but this is the truth. Keep your girls in check and nothing will happen to them."
The public shaming sent Tarek into a spiral. She called into program after program, crying and claiming that Reham Saeed's production staff had stolen the private photographs off her phone when she left it unattended.
"Now I think I wish I would have gotten hit and, so what, just accepted I was slapped." Tarek said afterward through tears to another Egyptian network. "I wish I hadn't filed a police report. I could have taken two, three, even four slaps and who was going to see it? Maybe 50 people in the mall? Now all of Egypt is staring at me."
Tarek had been harassed by one man. Now she felt the collective sexual gaze of a nation of more than 80 million.**


Recordamos quién es Reham Saeed, a la que aquí llamamos la "presentadora patriótica". De este vergonzoso incidente dimos cuenta en su momento (ver "La presentadora patriótica ataca de nuevo" 30/10/2015). Reham Saeed fue la presentadora que mostraba las miserias de los desesperados refugiados sirios lanzándoles paquetes de comida y diciéndole a los egipcios lo agradecidos que debían estar al gobierno por evitar que estuvieran como Libia o Siria. Los egipcios debían dar todos los días gracias por el presidente al-Sisi, responsable de las maravillas egipcias. Ella se envolvía en la bandera del país para ejemplo de todos.
Esta vez "la presentadora patriótica", como nos contaba la CNN, fue contra la víctima del acoso. Mientras hablaba en el plató ante las cámaras, se introdujeron en el camerino en donde había dejado su bolso, le sacaron el teléfono móvil y le robaron las fotos personales que tenía. Reham Saeed las usó contra ella. Finalmente, Saeed fue denunciada y sentenciada por el robo de las fotos.


Como ya ha sido estudiado por algunos analistas, la táctica del estado egipcio para cubrir su ineficacia es siempre responsabilizar a los ciudadanos, que son culpables de lo que ocurre, sea lo que sea. El nadador que es mordido por un tiburón es acusado de atentar contra turismo. La presentadora, como en tantos otros discursos, lanza sobre la víctima la acusación de la indecencia provocadora. El acoso no se debe al descontrol del varón egipcio sino a la provocación de las mujeres que les tientan en su maldad congénita.
La infame Reham Saeed convirtió la comparecencia de Somaya Tarek Ebeid en su programa en un juicio sin defensa, en una humillación constante que condenaba a la mujer. La víctima se lo merecía. Es lo mismo que hemos escuchado por boca del abogado que recientemente consideró que era un "deber nacional" violar a las mujeres que salieran a la calle con pantalones vaqueros rasgados. Es el mismo principio. La mujer que viste así, se lo merece. ¡Padres, vigilad a vuestras hijas!, claman las pancartas desplegadas en las calles de Egipto.


Curiosamente es el mismo principio que las diputadas electas del partido de Mohamed Morsi, las islamistas, daban cuando se les planteaban estos casos. La mujer se lo merece. Nunca hay una condena del hombre. Puede llegar a deber patriótico, a un sacrificio por patria y religión, que apunta a la necesidad del "castigo correctivo" por parte de piadosos y orgullosos ciudadanos. El mundo se escandaliza, sí, pero es que no les entienden. Si Reham Saeed pudo convertir su programa televisivo en un tribunal contra la víctima es porque hay millones de personas que respaldan estos planteamientos. Otros muchos condenaron las prácticas llevadas a cabo y la actitud, pero el fondo social sigue siendo patriarcal: la mujer es culpable.
A la indiferencia de la Policía, que tuvo posteriormente que aceptar la denuncia ante las evidencias del vídeo de seguridad, se suma la agresión mediática. Los medios elevaron la culpabilidad de Somaya a un hecho público. Las fotos robadas de su teléfono fueron una segunda bofetada, un escalón más en las agresiones que esta mujer valiente debía afrontar.
El vídeo sirvió para que al hombre se le acusara de agresión por la bofetada, pero se desestimara el caso de acoso sexual, algo absurdo porque es descontextualizar el motivo de la agresión, el rechazo. Recibía Somaya otra nueva forma de agresión, la indiferencia de los jueces ante el acoso.
Pero todavía quedaba la peor agresión, la del hombre denunciado que en octubre la acuchilló en la cara. Egypt Independent lo contó así:

In an interview with Al-Masry Al-Youm (AMAY) in October, Ebeid expressed dissatisfaction at the weak punishment given to her harasser, who was sentenced to two weeks in prison after he was acquitted of the sexual harassment charges.
Ebeid recounted the incident to AMAY saying it was, “3 PM [on Sunday], as I was entering a pharmacy. I was surprised by someone calling my name. When I looked back, I found the person who (previously) harassed me in the mall. I entered the pharmacy quickly, bought medicine, and then tried to run to my car before he caught me. But he ran after me and stabbed me with a knife. He was tracking me after he left prison in preparation for the attack.”
“The defendant caused a 20 cm-long facial wound that required 50 stitches,” she said, adding, “I underwent a LE 60,000 surgery with the financial help of some friends.” She explained that her face will require at least six cosmetic surgeries over the span of a year to return to normal.
“I never thought he would keep track of me for two years and try to slay me in broad daylight with such perseverance,” she continued.
She demanded that the judiciary be more deterrent in sexual harassment incidents.
In October, Cairo was reported as the most dangerous megacity for women, according to an international poll carried out by Reuters.***


La venganza se cumple. Denunciar el acoso, pedir justicia, tiene su peligro en Egipto, como ya señalaba la CNN en su día. Somaya había elegido el camino más duro, el más agotador. Lo contrario del silencio que es el que viven la gran mayoría de las mujeres egipcias, pese a lo que diga la señora Maya Morsy para pulir la imagen del país.
Lo primero que hizo el presidente al-Sisi cuando llegó al poder fue ir a visitar a una mujer víctima de la violencia. Le llevó flores, un bonito detalle. Pero nada se ha hecho desde entonces y las olas de conservadurismo patriarcal que sacuden Egipto desde hace tiempo, muchas de ellas lanzadas en el propio parlamento para vergüenza de sus diputados. Y no se hace por la indiferencia de muchos, cuyo argumento es siempre el mismo: la mujer atacada se lo merece. Eso se conecta con la justificación de la mutilación genital femenina, cuyas cifras en Egipto son igualmente escandalosas y muestran una violencia institucional contra las mujeres de enorme calibre y significación.
La ablación parte del principio de la sexualidad inagotable de la mujer, que debe ser reducida por el bien de las familias y la sociedad. Mediante la mutilación, convertida en ritual se acepta, la búsqueda incontrolada de placer de la mujer. El varón acosa porque es provocado, tentado por las mujeres que le rodean, que deberían estar sujetas, vigiladas, encerradas en sus casas para no comprometer con su lascivia el honor de las familias. "¡Sed celosos de vuestras mujeres!", advertía la campaña piadosa. El responsable no es el hombre que viola, sino el que no vigila. Quien no lo haga, no entrará en el paraíso.


Es el mismo principio existente tras los infames exámenes de virginidad practicados por el Ejército egipcio a las mujeres que iban a protestar en la plaza de Tahrir en 2011. Decían estar cumpliendo con el deber de informar a los padres de qué hijas habían perdido su virginidad en las protestas. Se trataba de convertir las protestas sociales en una especie de orgía, descalificándolas. Allí no se iba a protestar, a denunciar la infamia del poder, sino a fornicar como animales. Eso el Ejército, siempre solícito por el bien de Egipto.


Es el mismo principio que los que pedían en el parlamento no hace mucho exámenes de virginidad para entrar en las universidades egipcias. Hay que evitar que se conviertan también en centros de fornicación.
Somaya Tarek Ebeid ha sido víctima de todos estos principios subyacentes en una sociedad que aumenta en su conservadurismo de género y por ello en su violencia. Egipto puede rechazar las cifras que son espejo de lo que hay, pero no se barre debajo de la alfombra por mucho tiempo.
La historia de Somaya deja en evidencia a la Policía, a los jueces y a los medios de comunicación. Es la historia de una mujer que se va quedando sola mientras pide, exige justicia para lo que es más que evidente y la sociedad no quiere ver.
La triste noticia, tras más de dos años, es el intento de suicidio de Somaya. Al hacerlo a través de Facebook quería, como lo hizo dos años antes con la publicación en Facebook de las imágenes de su agresión en el centro comercial de Heliópolis, que todos fueran conscientes de lo que ha vivido y de lo que viven una gran cantidad de mujeres.


Hoy se elevan denuncias por todo el mundo denunciando el acoso. Somaya Tarek Ebeid entra en un reducido grupo de jóvenes egipcias que eligieron el camino más difícil: la denuncia ante una sociedad que tiene una imagen virtuosa de sí misma, tras la que se esconden profundos mares de hipocresía.
La imagen de Somaya, con sus cincuenta puntos en su cara rajada, reventada por los golpes, es el rostro de la dignidad y del valor. Es lo que la sociedad no quiere ver. Somaya habría sufrido muchas otras agresiones, con toda probabilidad. Pero fue la bofetada del hombre, ese gesto de superioridad infame, de prepotencia lo que hizo saltar todos los mecanismos de defensa ante lo que había cambiado de estado: aquel hombre no solo se creía con el derecho de acosarla sino con el de castigarla y humillarla ante su negativa. Y no ocurrió en un pueblo perdido, en el campo, entre analfabetos, sino en un lujoso centro comercial de Heliópolis.
Un artículo firmado por la feminista egipcia Mariam Kirollos, con el título  "Las hijas de Egipto son una línea roja", un canto en Tahrir en 2011 cuando las mujeres eran el objetivo de los militares, comienza con un tuit de 2013:

Cuando camino sola por la calle y a mi derecha hay unos chicos frente a un quiosco y a mi izquierda unos perros [callejeros], decido caminar por el lado donde están los perros porque es más seguro, esto significa que este país es una basura.

Estas palabras fueron publicadas por una joven egipcia en Twitter en Marzo de 2013. El acoso sexual representa en términos generales el tipo de violencia sexual al que se enfrentan con mayor frecuencia las mujeres de Egipto. Limita la libertad de las mujeres, su movilidad y las “desalienta a aparecer solas en los espacios públicos.” En abril de 2013, ONU Mujeres publicó un estudio que indicó que el 99,3% de las mujeres encuestadas había sufrido acoso sexual en Egipto y un 91,5% experimentado contacto físico no deseado. Estas cifran no son ninguna sorpresa considerando que el acoso sexual ha tenido, mayoritariamente, la condición de comportamiento normativo en la sociedad, y solo fue considerado explícitamente un crimen por la ley egipcia en 2014.****


Los avisos del crecimiento de violaciones son ya constantes en la prensa egipcia en 2009. Son muchos los que denuncian la situación de indefensión a la que se ha llegado. El cine había dado también sus avisos (Cairo 678, por ejemplo) dejando claro que la situación era insostenible. La revolución de 2011 permitió ver cómo las instituciones del Estado cubrían todo ello y lo practicaban en cuanto había ocasión. La violencia sexual no era solo una cuestión callejera sino un instrumento de violencia institucional, como han denunciado en múltiples ocasiones.
Hemos ido contando la historia de Somaya en estos dos años. No es solo una historia de una mujer en Egipto; es la historia misma de la actitud de Egipto: de su Policía, de sus jueces, de sus medios, de sus políticos. En todas las etapas por las que ha pasado Somaya la actitud ha sido la misma y cada una ha ejercido su forma particular de violencia, desde la indiferencia hasta el ataque.
La historia de Somaya tiene una vertiente pública y a ella le gustaría que lo que ocurre en su vida sea ya privado, terminar esta pesadilla kafkiana, llena de infamias y de obstáculos en la que una mujer inocente tiene que demostrarlo a cada paso. Su vida debería volver a ser suya. Tiene derecho.
Todo nuestro apoyo y cariño, nuestra solidaridad con ella. Somaya es el futuro de Egipto. Tiene fuerza y coraje, valentía, no se rinde en la defensa de sus derechos y mantiene su dignidad por encima de todos lo que la pierden en cada acto de esta historia.
Su futuro, su vida, nos importa.


* "‘Heliopolis mall girl’ attempts suicide in live video" Egypt Independent 15/12/2017 http://www.egyptindependent.com/heliopolis-mall-girl-attempts-suicide-live-video/
** "Sexually harassed Egyptian woman wins via social media" CNN 30/10/2015 http://edition.cnn.com/2015/10/30/us/egypt-sexual-harassment-somaya-tarek-reham-saeed/index.html

*** "‘Mall girl’ sexual harasser who revenged victim referred to trial" Egypt Independent 10/11/2017 http://www.egyptindependent.com/mall-girl-sexual-harasser-who-revenged-victim-referred-to-trial/
*** Matiam Kirollos "Las hijas de Egipto son una línea roja" Sur Revista Internacional de Derechos Humanos nº 24 / 2016. Trad . Maite Llanos http://sur.conectas.org/es/las-hijas-de-egipto-son-una-linea-roja/



viernes, 15 de diciembre de 2017

El abuso de las palabras peligrosas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El abuso del término "terrorismo" es uno de los males que aquejan a las sociedades autoritarias. La extensión llega hasta los que simplemente son opositores, pero a los que se les aplica, una vez etiquetados como "terroristas" la dureza de una legislación bajo estados de excepción, que a su vez recorta los derechos y libertades. El abuso terminológico contiene, además, un elemento de estigmatización social de aquellas personas a las que se les aplica injusta e indebidamente, que son metidas en las mismas categorías que los responsable de atentados y muertes violentos.
Categorizando a los opositores democráticos como "terroristas", los gobiernos buscan encubrir su propio uso de la fuerza, que cuando deja de ser guiado por la justicia, pasa a ser una forma de violencia institucional. Este tipo de represión disfrazada de defensa del terrorismo es denunciada por las instituciones y grupos de derechos humanos.
La prensa egipcia nos trae, desgraciadamente, otro nuevo caso de aplicación de la categoría de terrorismo a aquello que no es más que la protesta contra el gobierno por la cuestionable entrega a Arabia Saudí de las islas de Tiran y Sanafir. El sorprendente anuncio de la entrega ha provocado una reacción popular que el gobierno se ha encargado de controlar mediante la represión callejera, el encarcelamiento de periodistas —la invasión del Sindicato de Prensa, como se recordará— y de activistas que se han manifestado en contra.
Egypt Independent nos informa:

Egyptian activist Islam Marei was sentenced to three years in prison Wednesday on charges of terrorism, according to lawyer Ziad Al-Eleimi, despite the presiding judge announcing he would receive a one-year sentence a day earlier.
The Zagazig Criminal Court had announced a one-year prison sentence for Marei on charges of promoting ideas that criticize the state on Tuesday, over his opposition to the government’s decision to transfer control over two Red Sea islands to Saudi Arabia.
However, later on Wednesday, Al-Eleimi posted on Facebook that the court secretariat had informed him that Marei received an additional two years on charges of funding terrorist operations because LE 18,000 was found at his house.
Marei, from the Egyptian Social Democratic Party, was arrested from his home at Zagazig in June amid a security crackdown that targeted political activists who were opposing the demarcation agreement between Saudi Arabia and Egypt to transfer the two Red Sea Islands Tiran and Sanafir for Saudi sovereignty.*


Cuando el gobierno de Egipto entona sus lamentos por ser incomprendido en su lucha contra el terrorismo se olvida de todos estos casos, que son los que convierten en blanco de las denuncias. El gobierno ha elevado al nivel de "atentado" las "críticas". Cualquier comentario es considerado una atentado contra el estado llegando hasta el delirio, como el comentario de la cantante Sherine sobre no beber las aguas del Nilo, que le ha valido las acusaciones de ir contra los intereses de Egipto por crear un "pánico turístico" y expandir "falsas noticias", el caso más increíble de los últimos años y que haría sonrojarse a cualquier tribunal de cualquier país.
El Estado egipcio está envuelto en dos guerras, la que le tiene declarada al terrorismo, una guerra abierta en los diversos rincones, y otra guerra a cualquier tipo de oposición, que trata de enmascarar con dos argumentos, el del "terrorismo" y el de la independencia judicial, tras la que se esconde cuando son los jueces los que les encierran a los opositores. La apariencia del estado de derecho es solo apariencia. De ahí los grandes enfados que los gobernantes tienen cuando ven que les fallan las estrategias hacia el exterior. Nadie se puede tomar en serio los motivos de la condena a Sherine, por ejemplo. Y eso el gobierno egipcio, siempre revestido de solemnidad milenaria y verdad profética, no lo entiende.


La sorpresa de quien se creía condenado a un año por protestar pero después condenado a dos más porque dicen que había dinero en su casa y eso le convierte en financiador del terrorismo es lógica. A la endeblez de los argumentos del año se le añade lo inesperado del añadido por otro delito que se construye sobre el absurdo del primero.
En Mada Masr se nos explica:

The Egyptian Social Democratic Party member was arrested from his home in Zagazig on June 15 amid a security crackdown that targeted dozens of political activists connected with opposition to the Tiran and Sanafir island agreement. The controversial maritime border deal, which ceded sovereignty over the Red Sea islands to Saudi Arabia, was passed by Parliament on June 14.
He was among a number of people from opposition groups and parties, including the Karama Party, the Socialist Popular Alliance Party and the April 6 Youth Movement, to call for protests against the treaty the day after it was approved.
Marei’s defense team told Mada Masr that the police investigation report used in the case should have been inadmissible, as the only witness testimonies came from police personnel. They added that his arrest and the searching of his house also breached Egypt’s Penal Code. Marei will appeal the verdict at the Court of Cassation on these grounds, according to Dabea.**


La publicación estos días del informe internacional del Comité para la Protección de los Periodistas situando a Egipto como el tercer peor país para los profesionales de la prensa forma parte de este modelo de represión continua de la crítica o simplemente de la presentación de la realidad de una forma distinta de la gubernamental.
La obsesión —no puede calificarse de otra forma— manifestada desde el comienzo de su aparición pública por el presidente Sisi sobre el imperio de la verdad oficial, la negación de cualquier otra visión está llevando al país a una situación muy delicada pues la capacidad de aguante tiene un límite. Se crea un círculo vicioso de deterioro, crítica y represión que trata de imponer esa verdad oficial que, de cara a las próximas elecciones, debe atribuirse como éxito.

Analistas de todo el mundo se preguntan por el sentido de las cuantiosas inversiones egipcias en cosas no relevantes para solucionar los gravísimos problemas del país. Se trata, una vez más, de satisfacer el ego egipcio con proyectos faraónicos como satélites, centrales nucleares, nuevas capitales, ampliaciones del canal, etc. que nadie necesita ante la desatención de aspectos como la sanidad,  la educación o la economía. Los egipcios deben sentirse felices con noticias como que la inflación ha caído hasta ¡el 26%!
Los que critican estas situaciones son acusados de desestabilizar al estado y, por ello, pueden ser considerados "terroristas". El gobierno está poseído por la obsesión de la "imagen" a la que responsabiliza del estado del país. Las acusaciones contra Sherine o cualquier otro personaje al que se le acusa de esparcir "falsas noticias" que perjudican al turismo son una muestra, de ahí que sea hipersensible a cualquier crítica en el exterior. Lo que internamente se traduce en el encierro del periodista o en el bloqueo del medio en el exterior se traduce en furibundos y absurdos enfados del ministro de asuntos exteriores y del portavoz del ministerio que acusan a los medios de formar parte de conspiraciones contra el país. Su empeño en la "verdad oficial", la que los egipcios deben aceptar, es ignorada sistemáticamente por todos los países.


Probablemente no haya caso de "verdad oficial" que haya hecho más daño a la credibilidad oficial que el del avión ruso de turistas, víctima de un atentado en Sharm al-Sheikh que Egipto negó y sigue sin aceptar oficialmente, aunque todos estén absolutamente convencidos de ellos por la cantidad de evidencias que lo demuestran desde todos los organismos internacionales, incluidas las autoridades rusas. Es un ejemplo —podrían añadirse muchos otros— de este empeño que es el que desacredita al gobierno egipcio ante las atónitas miradas internacionales. Como resultados, pasado el tiempo los aviones rusos siguen sin llegar a Egipto y otros países, como Reino Unido, siguen teniendo la seguridad en su objetivo. No solo no ayudó nada a su imagen, sino que la deterioró profundamente.


Los nuevos casos se acumulan y la responsabilidad es de quien quiere mantener su propia imagen, el gobierno, no la de Egipto. La incapacidad de resolver problemas necesita ocultarse tras conspiraciones. Egipto tiene enemigos, evidentemente, pero no son los que hacen la crítica que son tan egipcios como los demás y no enemigos, como se les presenta.
Una parte importante del pueblo egipcio está en contra de la entrega de las islas. El gobierno, en cambio, ha preferido eliminar a los discrepantes. Elimina estorbos electorales a la vez, silenciando voces críticas. Pero, por el contrario, lo consigue es que haya más voces críticas.


El gobierno ha conseguido que desaparezcan de la prensa muchos de los problemas que agobian a los egipcios, sobre todo en la economía. Desparecer de las páginas periodísticas o de los canales de TV no significa que desaparezcan de la realidad, donde siguen causando problemas. Los periódicos se han llenado de vivistas de celebridades, de momias y sepulcros descubiertos y de futuros proyectos que harán de Egipto la cabeza del mundo. Es lo que al egipcio le gusta escuchar. Mientras tanto, el crecimiento incontrolado, el problema de la educación, etc. hacen prever un futuro más oscuro.
El gobierno egipcio es un ejemplo claro de la "voluntad de verdad", la imposición de lo que es verdadero o no mediante la fuerza de las instituciones. Todo está ya al servicio de esa verdad oficial cuya función, entre otras, es la definición del bien y el mal creando mecanismos de exclusión social.
La sentencia de tres años de cárcel a un opositor democrático, Islam Marei, es otra mala noticia para Egipto. No es un terrorista. El caso, por el contrario, contribuye a oscurecer la imagen del gobierno egipcio. Es lo que trae el abuso de la palabra "terrorista".


* "Egyptian activist sentenced to 3 years prison on terrorism charges, criticizing state" Egypt Independent 14/12/2017 http://www.egyptindependent.com/egyptian-activist-sentenced-3-years-prison-terrorism-charges-criticizing-state/
** "Egyptian Social Democratic Party member sentenced to 3 years on charges of terrorism, criticizing the statewas" Mada Masr 13/12/2017 





jueves, 14 de diciembre de 2017

Vieja mala noticia o el informe del CPJ sobre Egipto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia en Egypt Independent es escueta pero contundente. Y es noticia pese a la repetición en los últimos años cuando llegan estas fechas de hacer balance del año. Las noticias nuevas nos hablan de poner en marcha capitales, plantas nucleares, proyectos espaciales... Las habituales, en cambio, nos siguen hablando de derechos humanos y libertad de expresión.
Con el titular "Committee to Protect Journalists names Egypt as third top jailer of journalists", nos vuelven a dar los datos que se repiten:

The New York-based Committee to Protect Journalists (CPJ) said in a report released on Wednesday that for the second year in a row, Egypt is occupying third place on the list of the world’s top jailers of journalists after Turkey and China.
The (CPJ) that the international community has failed to pressure the world’s “worst” jailers of journalists such as Egypt, noting that US president Donald Trump’s “nationalistic rhetoric” and “labeling of critical media as ‘fake news'” has provided a framework for these countries to jail journalists.
In the CPJ’s 2015 census on press freedom, Egypt ranked second.*


El informe de este año pone el énfasis en algo más que en los meros datos de detenciones de periodistas y crea un marco explicativo que tiende a agravar la situación del Periodismo y de los que lo ejercen en el mundo: el mal ejemplo dado por el presidente Donald Trump con su retórica constante  antiprensa.
En efecto, una de las muchas cosas por las que será recordado el nefasto mandato de Trump es por haber extendido por el mundo la idea de que la prensa es el "enemigo". Allí donde existe realmente una libertad de prensa, los medios han podido defenderse y ser defendidos, pero en aquellos lugares en los que la libertad de prensa es prácticamente inexistente y los medios son controlados o presionados por los gobiernos, ha sido un espaldarazo a la intolerancia.
En el resumen del informe de CPJ, disponible en su página, elaborado por Elana Beiser, se señala:

La cifra de periodistas encarcelados en todo el mundo alcanzó otro nivel récord en 2017, y por segundo año consecutivo más de la mitad de los periodistas encarcelados por su trabajo se encuentran presos en Turquía, China y Egipto. Semejante patrón refleja el rotundo fracaso de la comunidad internacional a la hora de enfrentar una crisis global de libertad de prensa.
Lejos de aislar a países represivos por su comportamiento autoritario, Estados Unidos, en particular, se ha congraciado con líderes autoritarios como el mandatario turco Recep Tayyip Erdoğan y el mandatario chino Xi Jinping. Al mismo tiempo, la retórica nacionalista, la obsesión con el extremismo islámico y la insistencia en calificar a los medios críticos de "noticias falsas" por parte del presidente Donald Trump sirve para reforzar la estructura de acusaciones y delitos que les permite a tales líderes presidir el encarcelamiento de periodistas. A escala global, casi tres cuartas partes de los periodistas presos han sido acusados de cometer delitos contra el Estado, muchos de ellos en virtud de disposiciones contra el terrorismo vagas y excesivamente amplias, mientras que la cifra de periodistas presos por acusaciones de "difundir noticias falsas", aunque pequeña, creció a un nivel récord de 21.**


La responsabilidad de Trump es grande porque representa a un país que se autodenomina "líder del mundo libre". La soledad a la que está llevando Trump a los Estados Unidos es enorme, pero más allá de ese estado, está sirviendo de pésimo ejemplo precisamente para todos aquellos alejados de las libertades que ven en la prensa un peligro.
Los ataques de Donald Trump sirven para justificar mucha represión contra la prensa. Es cada vez más frecuente —especialmente en Egipto— que se use la justificación de que ciertas cosas "se hacen en Occidente", con lo que suelen referir casi siempre a recortes de libertades o al aumento del descrédito.
Es cierto que la campaña global contra la prensa empezó en Egipto antes de que Trump llegara a la Casa Blanca. Al-Sisi ya pedía a los egipcios que no escucharan a nadie, que solo le escucharan a él, desacreditando así a la prensa en su conjunto. Pero también es cierto que la llegada de Trump reafirmó esta retórica anti prensa, que se ha incrementado con los enfados periódicos de los representantes de Asuntos Exteriores cada vez que surge análisis e informes de la situación egipcia. Aquí dimos cuenta hace unos días de como se había comisionado a Diaa Rashwan, director del SIS, el ente administrativo que controla los medios, para que informara del "maltrato" mediático con Egipto.


En estos últimos tiempos, además, se ha creado una trama administrativa con varios organismos, para controlar a la prensa, además de hacerse con el control del sindicato de periodista. Igualmente, la leyes han establecido que solo existe una verdad, la oficial, a la que medios y periodistas deben supeditarse. La creación de un estado de excepción —el de Mubarak duró 30 años— favorece la pérdida de derechos generales y entre ellos el de acceso a las informaciones.
Se señala en el informe respecto a Egipto:

Más de la mitad de los periodistas presos en Egipto, donde la cifra de periodistas en prisión descendió de 25 en 2016 a 20 en 2017, también están en mal estado de salud. Uno de ellos es el fotógrafo Mahmoud Abou Zeid, conocido como Shawkan, quien fue arrestado mientras cubría la represión violenta de una manifestación por parte de las fuerzas de seguridad egipcias y quien ha estado en detención preventiva por más de cuatro años. Él y los otros 738 acusados en el mismo proceso fueron acusados de posesión de armas, reunión ilícita, intento de asesinato y asesinato, según investigaciones del CPJ. Shawkan está anémico y necesita transfusiones de sangre, pero se le negado el ingreso a un hospital, según su familia. De los 20 periodistas en las cárceles egipcias, 12 no han sido ni condenados ni sentenciados por ningún delito.
El prolongado encierro de periodistas egipcios ocurre cuando el presidente Abdel Fattah el-Sisi combate a violentos extremistas y lucha contra el alto desempleo en el país, y mientras los Gobiernos egipcio y estadounidense cooperan estrechamente en materia de seguridad. Poco después del encuentro sostenido entre el-Sisi y Trump en la Casa Blanca en abril, el Gobierno egipcio aprobó una draconiana ley antiterrorismo que profundizó la campaña contra la prensa pues les permite a las autoridades colocar a periodistas absueltos del delito de terrorismo en una lista de vigilancia de terroristas que limita sus derechos financieros y de otra índole, según informaciones de prensa.**

Los secuestros de periódicos también ocurren cuando alguna información no gusta al gobierno, como en el reciente caso del diario Albawaba. Los cierres y bloqueos de medios ocurren con total impunidad y, al igual que existen periodistas detenidos sin explicación, hay medios que ignoran cuál es la causa de su bloqueo, como ocurre con la publicación Mada Masr, que ha solicitado judicialmente el retiro del bloqueo y la explicación de por qué o quién ha determinado su situación, algo a lo que no recibe respuesta.


La libertad de información es esencial para el buen funcionamiento de un país. Una buena prensa es la que se ocupa de informar a sus ciudadanos de lo que deben saber y no de lo que los gobiernos quieren que sepan. La mejor prensa es la que es capaz de ser independiente y mantiene su compromiso con los ciudadanos. La obediencia a cualquier otro interés perjudica su credibilidad. Para que la prensa sea libre deben serlo sus profesionales cuya tarea no siempre gusta, pero es necesaria. Se choca con la polarización histórica de los medios estatales, que los gobiernos tienden a manejar, y los medios privados creados para añadir valor a empresarios y políticos, que tienen así sus propios voceros.
Tras la revolución de 2011 surgieron algunos medios nuevos creados por periodistas independientes que trataban de alejarse de esas dos corrientes de atracción que buscan la obediencia informativa. Algunos se mantienen, como Mada Masr, frecuentemente premiado; otros quedaron por el camino o sus periodistas emigraron a lugares menos arriesgados para informar.


El régimen optó por continuar el liderazgo carismático y mesiánico con Abdel Fattah al-Sisi, es decir, con la construcción sistematizada de la "sisimanía", una operación basada en los medios. El gran problema de este sistema es que se entiende la crítica como erosión de la imagen del gobernante y, por ello, a la prensa como enemiga. Cualquier crítica es entendida como un ataque contra el líder y como el líder asume que es la encarnación del Estado, todo aquel que le critica es acusado de atentar contra la estabilidad.
Las acusaciones contra los medios o las personas que abren la boca llegan al extremo del ridículo, como en el caso de la cantante Sherine llevada a los tribunales acusada de desprestigiar a Egipto al bromear en un concierto sobre la canción "Have You Drunk From the Nile?" diciendo que prefería beber agua mineral. The Guardian señalaba:

Abdel Wahab, known as the “queen of emotions,” is facing two lawsuits over her comments. Lawyer Hani Gad accused Sherine of “insulting the Egyptian state” in a lawsuit filed to Cairo’s misdemeanours court, alleging that her comments mocked Egypt at a time when the government is working to attract tourists.
On Wednesday, judicial officials announced she was due to stand trial on 23 December charged with breaching an article in Egypt’s penal code, which bans deliberately broadcasting information or “false or tenacious rumours” seen as liable to “disturb public security, spread horror among the people or cause harm and damage to the public interest”.
Lawyer Samir Sabry also told nightly television host Ahmed Moussa on Tuesday that he had brought a separate case against the singer, accusing her of “hurting the national economy, terrorising tourists and harming tourism”. Sabry is known for his prosecutions of private citizens for breaching indecency laws.***


Sherine no es periodista, pero la acusan de la expansión de información falsa, crear pánicos, etc. como si lo fuera. Son las mismas acusaciones a las que se puede ver sometido un periodista en cuanto no coincide con la línea gubernamental. El comentario, reacción a una petición del público para que cantara la canción patriótica, no fue nada de eso, pero el estado de histeria informativa en que se encuentra Egipto hace ver a los cuatro jinetes del apocalipsis en cada palabra dicha. Los parásitos del Nilo son sobradamente conocidos y hasta se estudian las momias infectadas para comprender el desarrollo de la enfermedad, pero Sherine, que no dijo nada que cualquier egipcio que valore su salud diría, es acusada de difundir falsas noticias, dañar la economía, terrorismo turístico y todo aquello que a los imaginativos egipcios se le pueda ocurrir. El agua tóxica del Nilo resulta una buena metáfora de la situación informativa: la verdad supeditada a otros múltiples intereses. La persona sancionada en quien habla del problema, no quien lo permite, causa o ignora.
Los mismos medios oficiales cargan contra los medios extranjeros cuando estos informan. Todo lo que dicen, como señaló su presidente, es falso y forma parte de una conspiración internacional contra Egipto. Y el egipcio medio, alimentado con nacionalismo en medio de una enorme crisis económica, reacciona maldiciendo a los periodistas, culpables —como Sherine— de espantar al turista.
La noticia de la situación del periodismo en Egipto ya no es una novedad, pero hay noticias cuya importancia es precisamente que nada ha cambiado, desgraciadamente. Ojalá pronto los periodistas puedan informar como deben y no como pueden.




* "Committee to Protect Journalists names Egypt as third top jailer of journalists" Egypt Independent 13/12/2017 http://www.egyptindependent.com/committee-to-protect-journalists-names-egypt-as-third-top-jailer-of-journalists/
** "Encarcelan a una cifra récord de periodistas, en tanto Turquía, China y Egipto pagan poco precio por la represión" CPJ 12/2017 https://cpj.org/es/2017/12/encarcelan-a-una-cifra-record-de-periodistas-en-ta.php
*** "Egyptian singer Sherine Abdel Wahab to face trial over Nile comments" The Guardian 15/11/2017 https://www.theguardian.com/world/2017/nov/15/egyptian-pop-singer-sherine-abdel-wahab-to-face-trial-over-nile-comments

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Los tecno arrepentidos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En estos tiempos arrecian las críticas al funcionamiento de las redes sociales. Vienen además desde personas que han dedicado su vida a ellas y que deciden sumarse al nuevo robinsonismo cortando los lazos tecnológicos. Cada vez hay más personas que deciden vivir en sus islas protegidas y desconectar.
Cuando la sociedad empezó a digitalizarse en los 90, los problemas que se planteaban eran otros muy diferentes. Hoy estamos todos digitalizados pero ha surgido esa segunda vida que trata de suplantar a la primera. En función de nuestros trabajos, nuestras interacciones están divididas entre reales y virtuales. La cuestión es que cada una tiene sus propios conflictos específicos, además de los que surgen de su combinación.
A la vida en las redes nos empujan todos los días desde la propia vida real. "¡Descargue nuestra aplicación!", nos dicen ya todos, desde nuestro banco a nuestro ayuntamiento. Con la aplicación puedo hacer que me traigan unos sándwiches a casa o ir y que me tengan preparado el pedido cuando vaya; con otra puedo sacar las entradas del cine o informarme del tiempo que hace en mi pueblo. "A cada acción su aplicación" parece ser el lema de estos tiempos.
Uno de los problemas proviene precisamente de esta acumulación abusiva. Lo que empezó siendo un "servicio", pocos meses después se ha convertido en una "obligación" y el empleado que antes te atendía se pone furioso porque no realizas esas operaciones desde el cajero o desde tu casa. Los padres ya no hablan a la salida y entrada de los colegios. Tienen sus grupos de chat compartiendo aplicaciones a estos efectos. La autorización de una sala que yo pedía personalmente se debe hacer ahora a través de un formulario de Google que debe "autentificarme" primero, expresión que entiendes el día en que hay un problema en un servidor y se produce el error de autentificación, que es como volverse invisible.
La acumulación obligada de procesos a través de las redes produce un estrés específico, una forma de agobio. Son demasiadas veces al día las que uno tiene que entrar y salir, poner contraseñas, rellenar campos, etc.


Pero las críticas están llegando por motivos más graves: las redes sociales se han convertido en la jungla de asfalto virtual. Lo que se consideraba a principio de los noventa como un "nuevo mundo" en el que se dejaban en la entrada las diferencias y maldades, se ha convertido en espacios para la manipulación, la mentira y el acoso, por citar solo tres aspectos relevantes.
El País titula "“Las redes sociales están desgarrando a la sociedad”, dice un exejecutivo de Facebook" y explica la afirmación del que fue Vicepresidente de Usuarios: "Chamath Palihapitiya lamenta haber participado en la construcción de herramientas que destruyen el tejido social". No es el único caso de "arrepentido tecnológico".
Nos cuenta el diario:

El ex alto cargo de Facebook alertó de que los comportamientos de las personas están siendo programados sin que se den cuenta. "Ahora tienes que decidir a cuánto vas a renunciar", añadió. Palihapitiya hizo referencia a lo sucedido en el Estado indio de Jharkhand el pasado mayo, cuando unos mensajes falsos de WhatsApp sobre la presencia de supuestos secuestradores de niños acabaron con el linchamiento de siete personas inocentes. "A esto nos enfrentamos", criticó Palihapitiya, que añadió que este caso "llevado al extremo" implica que unos delincuentes "puedan manipular a grandes grupos de personas para que hagan lo que ellos quieran".
Pero Palihapitiya no solo censuró los efectos de las redes en cómo funciona la sociedad, sino todo el sistema de funcionamiento de Silicon Valley. A su juicio, los inversores inyectan dinero en "empresas estúpidas, inútiles e idiotas", en lugar de abordar problemas reales como el cambio climático y las enfermedades curables.*


La cuestión no es sencilla. La vieja utopía que representaron la redes en sus comienzos (antes de las actuales, ya en los 80, las denominadas "comunidades", de las que se daba cuenta en obras como la Critica de la Razón Informática, de Tomás Maldonado) se comenzó a desmoronar ya a mediados de los 90 cuando la red dejó de ser refugio alternativo para ser espacio de negocios, es decir, con los mismos males que la "sociedad real", ante los que no había dique de contención y, además, se carecían de métodos de protección seguros.
La única seguridad de la que se habla es la de las propias empresas que almacenan nuestros datos. Las empresas compiten por manipularnos, simplemente. Es la jungla resultante de un neoliberalismo global sin control alguno. El propio gobierno de los Estados Unidos, por ejemplo, se ha mostrado escandalizado ante la facilidad de la manipulación de las empresas norteamericanas, las que lideran el sector. Ha tenido que llegar Trump al poder para que se den cuenta de la maldad de un tuit, de su capacidad destructiva.
 Han tenido que intervenir en la elección presidencial norteamericana y en todos los demás procesos para que nos demos cuenta que se ha creado un escenario de mentiras y manipulaciones constantes. Han tenido que inundar de mentiras el mundo para que los medios convencionales se den cuenta del poco poder que tienen ya sobre una opinión pública manipuladas por hackers con capucha, en plan Mr Robot.


La crítica de Palihapitiya va también contra la estupidez, la gasolina que alimenta los motores. En esta "Ilustración invertida", una anti ilustración, se trata de poner al servicio de la demagogia, la ignorancia y el dogmatismo las herramientas que se diseñaron para crear una Sociedad del Conocimiento.
Sin embargo ese conocimiento del que se dispone se usa precisamente para poder fomentar la estupidez con eficacia y eficiencia, ya que no es fruto del azar, sino del surgimiento de disciplinas, muchas de ellas ya académicas, en las que sin pudor y con mucho orgullo se explica cómo aprovecharse de nuestros defectos en vez de cómo corregirlos.
El negocio es tan formidable, la transformación tan rápida, que nadie quiere escuchar los mensajes de los tecno arrepentidos o de otros que han realizado críticas desde el análisis social, la educación, la psicología o la política. Los medios de masas y la sociedad que los produjo y se auto modeló en ellos tuvo sus escuelas críticas, sus analistas milimétricos, que al menos dijeron lo que pensaban. Ahora tenemos una auténtica "masa" virtual e interactiva, una vida cuyos aspectos diferenciados muchos no distinguen, un espacio sin piedad en donde el más fuerte es el que logra convertirse en intocable a través del anonimato. Los que atraídos por múltiples cebos exponen sus debilidades, son triturados sin piedad; los que osan levantar la voz, son despellejados vivos.


Lo que resulta evidente es que vivimos en la era de la trivialidad agresiva y orgullosa, de la ignorancia arrogante. Estamos creando algo que es una mezcla entre la definición freudiana de "masa" como el descenso de varios escalones en la escala evolutiva aparcando la inteligencia para tiempos mejores, y la sociedad del espectáculo de Guy Debord. Un continente emergente, engendro social, del que nadie se hace responsable y al que algunos equiparan con los sueños, allí donde el deseo arrincona al deber.
Con todo, el desarrollo tecnológico logrado tiene enormes ventajas; el problema es que los inconvenientes son también enormes. La incapacidad de las instituciones en lograr que sea un mundo civilizado en varios sentidos necesarios hace que seamos empujados a él con un alto riesgo. Son muchos testimonios de gente que ha visto destruidas sus vidas por las redes, por esta sociedad anárquica feroz que aprovecha el anonimato. Los niños son lanzados a ellas como si fuera una piscina: los que sobreviven serán buenos nadadores; el resto se hunde. Carecemos de una educación real en las redes o quizá simplemente de una educación real. Puede que las redes se limiten a reflejar la crueldad existente y la falta de responsabilidad dé salida a lo peor.
Si la Ilustración nos quería más sabios, el Mercado nos quiere más tontos e indefensos. Nosotros hacemos el resto.



“Las redes sociales están desgarrando a la sociedad”, dice un exejecutivo de Facebook" El País 12/12/2017 https://elpais.com/tecnologia/2017/12/12/actualidad/1513075489_563661.html